Ser un niño era una desgracia y una bendición. Constantemente caían presa de la oscuridad debido a su pureza, pero era esa misma pureza la que los hacía creer en las historias de héroes que vendrían a rescatarlos. Darious meneó la cabeza… él no era ningún héroe. Se produjo otro relámpago que hizo que las luces se apagaran, y Kyoko jadeó en la oscuridad. Justo antes de que se fueran las luces, podía jurar que vio que algo se movía. Oyó cómo los generadores del hospital se activaban uno por uno, y la luz volvió. Lo que vio le ensanchó los ojos de asombro. Darious se encontraba de pie junto a la cama de un niño cuyo monitor cardíaco sonaba de forma peligrosamente lenta. Se estiró y tocó suavemente la frente del pequeño. El ritmo del monitor se aceleró, haciendo que el corazón de Kyoko se ac

