Emiratos Árabes
Ella nunca había querido ese matrimonio. Samir su hermano mayor la había obligado. Ella había querido estudiar, como lo hizo su hermano del medio Karim...y emigrar, para tener una vida diferente. Pero cuando prácticamente Samir la entregó con engaños a ese hombre viejo, un jeque del desierto...ella simplemente quiso morir...pero sobrevivió. Y tuvo un hijo, aunque era muy infeliz.
Samir, Karim y ella eran hijos del segundo matrimonio de su padre. Su primer mujer fue una inglesa que fue el gran amor de su vida, que le había dado dos hijos: Ahmed y Philip.
Pero mientras Ahmed era un hombre más evolucionado, que al morir su padre se transformó en el nuevo jeque y había trasladado su base de negocios a Dubai así como había abrazado el desarrollo y la tecnología e incluso había contraído matrimonio, luego de enviudar, con una norteamericana texana (Katherine) que le llevaba un par de años estaba divorciada y ni siquiera era musulmana, su hermano de misma madre Samir se había aferrado a sus viejas costumbres y a la tribu del desierto en esa parte donde él reinaba como si fuera su dueño.
Durante el tiempo que su padre permaneció en el desierto estuvo todo bien, pero cuando Ahmed construyó la casa de Dubai y por el estado de salud su padre con el tiempo se trasladó allí Samir , que recién se había casado con Soraya su primer esposa ,lo convenció de que Fatima (su hermana) podría ayudar a su primer mujer a adaptarse al lugar...pero todo había sido una trampa.
Ella había sido instruida desde pequeña, en las costumbres de su pueblo pero también gracias a la creciente fortuna de su padre luego de que encontraran petróleo en sus tierras, y por la influencia que le quedó de su primer esposa occidental había conseguido profesores y libros para Fatima que había cumplido sus dos ciclos educativos como sus hermanos varones y cualquier niño occidental. Por eso ella había aspirado a otra cosa, sin embargo, aceptó ayudar a Soraya a adaptarse...lo que menos imaginó fue que cuando poco después su hermano le pidió que lo acompañara a visitar otra tribu para comerciar, ella iba a ser la prenda de intercambio.
Cuando su padre y Ahmed se enteraron, ya estaba casada...con un hombre que le triplicaba en edad y tenía otras dos esposas más viejas que solo le habían dado hijas mujeres y que la odiaban.
Aprovechaban cualquier oportunidad que tenían para castigarla físicamente por cualquier falta.
Pero cuando tuvo a su hijo varón, todo empeoró. Ella sentía que un día finalmente los matarían, a ella y a su hijo. Y ahí si
el viejo jeque finalmente intervino. No por ella, que no le importaba, sino por el pequeño hijo varón.
Pero ahora, el viejo jeque había muerto.
Acababa de concluir su funeral luego de unos días, y de casualidad escuchó los planes. Las hijas de su marido, sus esposos y las otras dos primeras mujeres estaban conspirando para matarla a ella y a su hijo...
Y su única posibilidad era recurrir a un hombre que aborrecía, que había sido la mano derecha de su marido. Supuso que a él también, eventualmente, lo matarían.
El hombre se llamaba Amin. Era grande, como de dos metros, tez, ojos y cabello oscuro. Barba profusa así como vello por todo su cuerpo, como un mono.
Nunca se había casado. El hombre no hablaba, era mudo pero si podía escuchar.
En ese momento estaba fuera de su carpa , custodiándola.
Ella estaba nerviosa, caminaba refregandose las manos mientras su hijo Malek, absorto en su mundo como siempre, estaba ajeno a las preocupaciones de su madre mientras armaba uno de los enormes rompecabezas que le había mandado su tío Ahmed de obsequio. En momentos como esos agradecía que su pequeño fuera diferente. Pero era la única vez. Ella intuía que tenía algún grado de autismo aunque ¿cómo corroborarlo en medio del desierto y si el viejo jeque le había impedido el acceso a los médicos?
— Ya hablará...yo también me tardé, el niño está bien...no me vengas con tus cuestionamientos mujer — solía decirle el viejo jeque y ella por miedo terminaba agachando su cabeza.
Le rezaba a Alá para que la sacara de esa vida de miseria, pero nunca pensó hacerlo a través de la muerte de su esposo por supuesto.
Debía idear alguna forma para salir de allí. No era solo el hecho de que su niño fuera el futuro jeque, era la cuantiosa fortuna del viejo lo que no estaban dispuestos a concederles.
Porque al igual que su padre, su esposo había tenido mucho dinero...y aunque tenía un palacio confortable prefería vivir en una carpa en medio del desierto.
"Si no salgo de aquí me matarán, y asesinaran a mi hijo también...Debo salir de aquí de la forma en que sea". Pensó Fatima agitada.
Odiaba tener que recurrir a Amin porque detestaba a ese hombre horrible con todo su ser, pero era su maldita única alternativa.
— Amin, ¿puedes venir un momento...por favor? — dijo ella asomándose.
El hombre la miró con un gesto adusto por un instante, pareció no comprenderla pero finalmente entró a la carpa.
— Escúchame bien, necesitamos salir de aquí...oí que quieren matarme...y al niño también. Debo huir — le dijo suplicante. Solo se veían sus ojos a través del velo.
El hombre negó con la cabeza.
— MALDICIÓN, matarán a mi hijo, me matarán a mi también y seguramente a ti...no podrás protegernos...— siseó desesperada.
Él, negó con la cabeza una vez más.
Ella tomó sus manos.
— Por favor...esto no es lo que querría tu señor, él quería a Malek...necesito la ayuda de mi hermano para poder llevar a cabo el sueño del jeque y que Malek pueda heredarlo, te lo imploro...— ella se arrodilló y comenzó a llorar. Sus lágrimas eran reales pero la parte de cumplir el sueño del jeque una vil mentira. A ella le daba igual si rifaban su fortuna, ella solo quería huir lo más lejos que pudiera de allí.
Sus sollozos se acentuaron mientras prácticamente besaba el piso...finalmente él hombre puso una mano en su hombro.
Ella alzó su mirada empañada por las lágrimas y lo vió asentir.
Un alivio inmenso se esparció por su cuerpo. De alguna manera había logrado conmover a ese monstruo. Iba a ayudarla a salir de ahí.
Ahmed había sentido la necesidad imperiosa de ir al campamento de su hermano, iba cada tanto, pero ese día sintió una especie de impulso que lo orillaba a ir.
Así que llamó a su piloto de helicoptero para que se alistara y le dijo que lo pasara a buscar por su mansión de Dubai.
El viaje hacia el campamento fue corto y cuando su nave aterrizó de imprevisto la gente se sorprendió un poco al observarlo bajar de allí. Fue nomás caminar unos pasos que su hermano Samir se encontró con él y lo miró con sorpresa.
—¿ Qué haces aquí ???— hasta parecía molesto.
— Solo vine a ver cómo están las cosas, ¿no puedo? — le contestó amenazante.
Pero lo más sorprendente para el jeque fue ver a su hermana que hacía mucho que no veía, Fátima, con su hijo de casi 5 años en brazos corriendo desesperada a él.
— ¡ No puedo creerlo, no puedo creerlo! ¡Gracias a Alá que viniste a mí! — dijo llorando y mirando al cielo —...él me quería entregar nuevamente a la familia de mi marido — exclamó señalandolo de forma acusatoria a Samir y Ahmed la miró sin entender que realmente sucedía allí. Él no entendía nada pues no sabía demasiado de lo que había pasado.
De hecho no estaba al tanto de la muerte del marido de Fátima que había sido hacia pocos días.
Frunciendo el ceño la observó y luego observó a Samir que era malo mintiendo y en su rostro se podía leer que algo estaba ocultando.
—Me parece que no estoy entendiendo bien
¿ Qué es lo que está ocurriendo aquí?— dijo mirando primero a su hermano y luego a su hermana que estaba muy contrariada y aparte notó que estaba su capa manchada con sangre.
El niño de repente comenzó a llorar y una de sus cuñadas, una de las tres esposas de su hermano, se acercó y tomó al niño para poder consolarlo lo cual Fátima le agradeció.
Ella agarró a medias las solapas de su túnica y se puso se puso a llorar desconsoladamente en su pecho.
— Mi esposo murió hace pocos días ¿no te has enterado???
Él la miro abriendo los ojos como platos.
— No sabía nada acerca de esto— le dijo serio.
— Sí, y escuché que mi familia política me quiere asesinar a mí y a mi hijo...
—... eso es una completa locura— exclamó Samir interrumpiendo —...tienes que volver con tu familia mujer...
Ahmed lo miró con mala cara y la volvió a observar a su hermana.
— ¿Cómo hiciste para llegar hasta aquí?
— Nos fuimos en caballo con el hombre de confianza de mi marido. Pero a él lo mataron en el camino, le dispararon antes de que los pudiésemos perder en una tormenta de arena, y yo a duras penas pude llegar hasta aquí ...— pues así había sido.
Ahmed no podía creer lo que estaba escuchando. Todo el trabajo que se había tomado su hermana para poder llegar hasta ahí y salvar su vida y la de su hijo...
Y Samir evidentemente no tenía intenciones de contarle nada. Porqué él seguía haciendo cosas a sus espaldas, lo cual le molestaba sobremanera, no era un misterio. Él tenía celos de Ahmed, y también de Fatima. Su padre había consentido a sus hijos mayores y menores y Samir sentía que siempre había quedado relegado en el medio, por eso entregó a Fatima a sus espaldas. Como venganza. Pero ya no iba a permitir que lastimara más a su hermana.
— Quédate tranquila— le dijo tomando sus hombros —... yo te ayudaré ...
Samir lo miró mal, como era de esperar.
— Debemos devolverla a su familia política Ahmed...— le respondió siseando.
— Para empezar, nunca debería haberse casado con ese hombre— le respondió su medio hermano gruñendo — tú pasaste sobre la voluntad de nuestro padre y también sobre la mía y ahora nuestra hermana está pagando las consecuencias... por tú culpa. Por la culpa de tu envidia — dijo señalandolo con el índice.
— No sé lo que dices, te has vuelto completamente loco — le respondió.
— Recuerda que soy tu jeque y te pido que te dirijas a mí con respeto y tú — le dijo dirigiéndose a su hermana—. Ven conmigo, trae a tu niño y nos iremos de aquí
Samir lo tomó del brazo. Estaba preocupado.
— Esto es un delirio, debemos devolverla a su familia política sino corremos riesgo de ponernos en guerra con esa tribu...
Ahmed miró la mano en su brazo y luego miró amenazante a su hermano que lo soltó de inmediato.
— Si las tribus se ponen en guerra será tú única y exclusiva responsabilidad. Porque para empezar este matrimonio nunca se debería haber llevado a cabo — hizo una pausa y sopesó —...en lo que a ti respecta, Fatima jamás piso este lugar y punto.
Eso es todo lo que debes decir si alguien viene a preguntarte acerca de su paradero. Nadie tiene porqué saber que ella estuvo aquí — con esta última declaración se alejó de éste. Procuró que su hermana con su sobrino subieran al helicóptero, se montó en la nave con ellos y huyó de allí.