Epílogo La luz del mediodía bañaba el salón principal de la mansión Vodrak en Viena. Era una claridad suave, sin estridencias, tamizada por los cristales emplomados de las altas ventanas. Los candelabros seguían encendidos, más por costumbre que por necesidad y la mesa del desayuno tardío - más cercano ya al almuerzo - estaba servida con todo el protocolo que la casa requería. Isabella descendió por la escalera principal con paso firme. Llevaba un vestido azul humo que resaltaba sus ojos y el cabello recogido con sencillez, adornado con una peineta de plata. Iba del brazo de Viktor, quien apenas disimulaba su incomodidad. - No hay nadie más invitado, ¿Verdad? - murmuró él, en tono bajo. - Eso creo. - respondió ella, aunque una pequeña sonrisa jugueteaba en sus labios. - Tengo un mal p
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