Camino a La Mansión Ducal El interior del carruaje estaba tapizado en terciopelo oscuro, sobrio y cálido. El movimiento del vehículo era suave, apenas un murmullo sobre los adoquines vieneses. Afuera, la ciudad comenzaba a desplegar su esplendor: fachadas barrocas, árboles desnudos por el invierno, un cielo gris perla anunciando la llegada de la nieve. Isabella mantenía el rostro cubierto por el velo, aunque sus ojos ya estaban bien abiertos, alerta, observando. Viktor, sentado frente a ella, la contemplaba en silencio antes de hablar. - Viviremos en la mansión de Viena. Está en las afueras, entre la ciudad y las colinas. No es el ducado formal, ese se encuentra en las montañas, más al norte. Aislado. Nevado todo el año. - ¿Y por qué no allí? - preguntó ella, curiosa. Viktor apoyó un

