Me quedé inmóvil, atrapada entre Alejandro y Zouse, sintiendo cómo cada mirada, cada palabra contenía más de lo que ambos querían admitir. Zouse mantenía ese aire desafiante, como si estuviera dispuesto a arruinar cualquier intento de acercamiento entre Alejandro y yo, mientras que Alejandro, con la mandíbula tensa y la mirada oscura, apenas podía contenerse de lanzarse contra él. —Veo que sigues siendo el mismo idiota de siempre —dijo Alejandro, avanzando un paso hacia Zouse—. Siempre creyendo que puedes meterte en lo que no te incumbe. Zouse soltó una risa breve, llena de sarcasmo, y miró a Alejandro como si lo viera por encima del hombro. —Oh, Alejandro, no sabes cuánto me incumbe esto —respondió Zouse, en tono provocador—. Especialmente si Anny sigue aquí solo porque no ha visto lo

