Narra Anny. El regreso a la ciudad es tranquilo, pero está lleno de emociones. Alejandro maneja con una mano en el volante y la otra entrelazada con la mía. Es como si estuviera diciendo, sin palabras, que no piensa soltarme nunca. Lo miro de reojo, y hay algo en su expresión que me conmueve. Es una mezcla de calma y determinación, como si el viaje hubiera sido un punto de inflexión. Por primera vez en mucho tiempo, parece genuinamente feliz. —¿Qué piensas? —le pregunto, rompiendo el silencio. Él gira la cabeza apenas, con una sonrisa leve. —En ti. —¿Qué de mí? —Que siempre supe que eras especial, pero este viaje... no sé cómo explicarlo. Me hizo darme cuenta de cuánto te necesito. Su respuesta me deja sin palabras por un momento. El Alejandro que conocí al principio jamás habría d

