Narra Anny. Después de que el doctor se va, Alejandro se queda sentado en el borde de la cama, con una expresión entre molesto y resignado. Lo miro desde la puerta, con los brazos cruzados y una sonrisa que no puedo evitar. ¿Por qué será tan testarudo? —No digas nada —gruñe sin mirarme, quitándose los lentes de lectura que ni sé por qué tiene puestos si ni los necesita. —¿Yo? ¿Decir algo? No, Alejandro, ni se me ocurriría. Solo estoy disfrutando el espectáculo —le contesto con toda la ironía del mundo mientras me acerco. —¿Qué espectáculo? —pregunta, mirándome con los ojos entrecerrados. —El de verte rendido, como un gatito obediente. Le hiciste caso al doctor, ¡milagro! —me río mientras me siento a su lado, dándole un pequeño empujón con el hombro. —No le hice caso —murmura con esa

