Narra Anny. Nunca pensé que alguien como Alejandro pudiera encajar en mi vida. A veces, incluso yo me siento como una extraña en su mundo de cristal, donde todo parece perfectamente medido, desde la altura de sus muebles minimalistas hasta el aroma del café que siempre tiene listo en la cocina. Pero cuando estamos juntos, todo eso desaparece. Y esta vez, me sorprende más que nunca. Estamos en su sala, esa con las ventanas enormes que miran hacia la ciudad. Es de noche, y las luces de los edificios titilan como estrellas urbanas. Alejandro está sentado junto a mí, tan cerca que puedo sentir el calor de su cuerpo. Tiene esa mirada seria que siempre me hace pensar que está a punto de decir algo importante, algo que podría cambiarlo todo. —Anny —comienza, su voz baja, casi un susurro. —¿Sí

