—En primer lugar, ¿qué me asegura que vas a cumplir con tu palabra?
—Deberás arriesgarte.
—¿Cómo se supone que voy a conseguir pruebas?
—Ese no es mi problema. Ahora bien, si tan segura estás de tu inocencia, estoy seguro de que encontrarás la forma.
—¿Qué harás si no lo consigo?
—La verdadera pregunta debe de ser, ¿qué no te haré?
—¿Y si lo consigo?
—Te devolveré tu dichosa reputación. Entre eso está también que vuelvas a estudiar y logres conseguir un trabajo. Con eso es más que suficiente.
—¿Eso también lo leíste?
—Sí.
—Quiero todo eso, pero también que te disculpes.
—¿Disculparme? ¿De qué?
—Por haber dudado de mí y por todo lo que me has hecho.
—Yo no te he hecho nada todavía.
—Quiero que me pidas perdón, eso es lo que quiero.
—No pierdas más tiempo y vete, antes de que cambie de opinión.
—Cobarde... — fui a abrir la puerta y me extendió su teléfono.
—Toma. Estaremos en contacto.
Su cambio de actitud me desconcierta. No sé si esto se trate de una prueba o algo más. Me bajé del auto y él se marchó tan pronto lo hice. De cierta manera sentí alivio, pero por otro lado el tiempo corre y no sé qué pueda hacer para demostrar mi inocencia. Estoy angustiada e inquieta. Esa noche solo éramos Rebecca y yo. No había, ni hubo nadie con nosotras. No tengo enemigos ni nada parecido, que yo sepa. Y desde esa noche he pensado que alguien hizo todo esto con el propósito de hacerme daño, pero ¿quién podría haber hecho tal cosa y por qué?
Estuve esperando por largas horas a mi papá. No me moví a ninguna parte. El tiempo pareciera que pasa volando. Mis padres vinieron hacia mí corriendo y me abrazaron entre los dos.
—Mi amor, ¿estás bien? ¿No te hicieron nada?
—Estoy bien, no se preocupen.
—¿Dónde te tenía ese desgraciado? En este momento vamos a encargarnos de ese demente.
—No, papá. No es necesario.
—¿No es necesario? Por supuesto que lo es.
—No quiero hacerlo.
—No debes tener miedo, pequeña. Sé que acabas de pasar algo muy malo, pero ese tipo no se va a salir con la suya.
—No pienso hacerlo.
—¿Por qué?
—Tengo algo muy importante que hacer. Regresemos a Utah, por favor. Él no volverá a acercarse a mí.
Estaba claro que era mentira, pero fue lo único que se me ocurrió para convencerlos.
Las horas de viaje fueron extensas. No dejaba de pensar en por dónde iba a comenzar. Ha sido un día extremadamente largo y estoy agotada, pero no quiero perder mucho tiempo. Le pedí a mi papá que me trajera a la casa en que me dejó quedar y busqué mi computador. Mis padres decidieron quedarse a dormir en una de las habitaciones. Busqué los últimos mensajes que escribí con Rebecca. Leí cada uno de ellos y en su mayoría lo más que hablábamos eran temas irrelevantes. No hay un solo día que no me sienta devastada por lo que ocurrió, no solo por lo que he vivido, sino porque la echo de menos. Lo peor de todo es que me culpan a mí de haberle hecho algo. Lo único que recuerdo de esa noche es que, como la mayor parte del tiempo, fui a quedarme a su casa. Recuerdo que estábamos celebrando el hecho de que íbamos a la misma universidad. Ella no quiso tomar porque debía madrugar al otro día y luego no se levantaría.
Espera, ahora que recuerdo, ella iba a encontrarse con un amigo al día siguiente. ¿Cómo era que se llamaba? Mathias. Claro, Mathias. No recuerdo su apellido, pero si lo veo en persona probablemente recuerde su rostro. Que yo recuerde nunca se tomaron fotos juntos, tal vez porque no estaban saliendo todavía, pese a que se estaban conociendo y se gustaban. Ellos se encontraban los domingos en el gimnasio y salían a correr por la tarde. Tal vez debería buscar la forma de contactarlo y preguntarle sobre ella. No sé si pueda encontrarlo, pero es lo único que se me ocurre. Tal vez él sepa cosas que yo no.
No creo que Rebecca haya tenido enemigos tampoco. Ella siempre fue sociable y amable con todo el mundo. En la escuela era bien querida por todos. Era estudiosa e inteligente. No sé quién pudo hacerle algo así. Solo puedo asegurar que yo no tuve nada que ver. Más que nadie la quería, la veía como una hermana. Dios sabe que era así.
Al día siguiente, durante el día estuve dando vueltas por la casa de Rebecca. Pensé tener la suerte de encontrarme con ese muchacho. Hablé con varios vecinos, pero ninguno me supo decir nada. Además de que me miraban con desconfianza y temor. Ya me he ido acostumbrando a ello.
Estuve esperando a la noche para que los vecinos se recogieran y poder entrar a la casa de Rebecca. Aunque ya no vive nadie aquí, estoy dentro de una propiedad que no me pertenece y si me encuentran aquí tendré muchos problemas. No sé qué espero encontrar. La policía ya ha debido a saquear todo. Con la copia de la llave abrí la puerta trasera y entré alumbrando con la linterna de mi teléfono. La gran parte de la casa se veía intacta, exceptuando su habitación. La cama ya no estaba y había muchas pertenencias suyas en el suelo. La opresión me hizo difícil poder respirar al tener recuerdos vivos de su cuerpo frío tendido justo al lado mío. Es como si pudiera ver su rostro y escalofriante expresión, más las sábanas teñidas de rojo. ¿Quién pudo hacer algo así? ¿Qué monstruo podría asesinar a alguien y vivir tranquilo, sin ningún cargo de consciencia? ¿Por qué solamente la asesinó a ella y a mí no me hizo nada? ¿Por qué quiso incriminarme? ¿Qué ganaba con eso?
Me detuve frente a su escritorio y me di cuenta de que su computadora y sus libros no estaban. Pasé mi dedo índice sobre el escritorio y me quedé mirándolo. Debieron haber limpiado recientemente, pues no hay rastros de polvo por ninguna parte y recuerdo que ella peleaba a cada rato con su mesa, pues al ser negra, así la limpiara, unos minutos bastaba para que volviera a ensuciarse.
Mis fosas nasales captaron un olor muy fuerte de gasolina, algo que no sentí en el ambiente hasta ahora. Tuve que taparme, pues era tan fuerte que tenía temor de inhalarlo. Aceleré mis pasos en busca de encontrar de dónde provenía ese fuerte olor y a través de la ventana de la sala, alcancé a ver una silueta de alguien. Creí que estaba viendo cosas, pero solo para asegurarme me acerqué a la ventana y me di cuenta de que la persona estaba completamente encapuchada, con un atuendo largo y n***o. En su mano tenía un bidón de gasolina y lo estaba esparciendo por todo el patio, en especial en las escaleras que daban hacia la puerta por donde entré. No sabía quién era. La verdad es que eso en ese momento no importaba. Solo quería evitar a toda costa lo que fuera que iba a hacer.
Corrí hacia la puerta trasera, pero algo por fuera estaba impidiendo que pudiera hacerlo. Por debajo de la ranura de la puerta, un líquido de lo que parecía gasolina estaba entrando y mis zapatos se enteraron de ello.
El susto era tanto que retrocedí, arrojando los zapatos hacia otro lado y corriendo hacia la puerta de entrada, pero la misma también estaba cerrada por fuera. Le di varios golpes, creyendo que eso bastaría para derivarla o al menos abrirla, pero nada de eso funcionó.
Buscaba desesperadamente una ruta alterna de escape y lo que llamó mi atención fue el color que adquirió la casa por dentro debido al incendio que de la nada provocaron. Debido al reflejo por la ventana, hacía que las paredes de la casa se vieran como el mismísimo infierno. El humo entraba por la ranura de la puerta trasera, podía verlo desde donde estaba.
Quise asomarme por la ventana, tras la misma desesperación de salir. Era mi única esperanza. La persona ya no estaba, pero el fuego estaba propagándose por todo el patio de una forma inaudita. La llama estaba opacando la ventana y retrocedí por temor a que explotara en mi cara.
Mis ojos estaban ardiendo y, aunque estaba tratando de no respirar y taparme con mi blusa, era inevitable. Me sentía muy mal. Mis ojos estaban muy irritados y no paraba de toser.
Subí las escaleras al segundo piso en busca de alejarme un poco del humo, pero la verdad es que ya casi no se veía nada. Luché arduamente con abrir la ventana y cuando lo conseguí, traté de coger algo de aire. Mis ojos estaban llorosos y veía algo borroso. Mi pecho estaba bien oprimido y mi corazón se encontraba acelerado.
Miré hacia abajo para ver cuán alto era, porque tenía intenciones de tirarme, era mi única salida, pero lo que me detuvo fue ver esa persona de n***o ahí. Pude ver el brillo, de lo que parecía un arma, apuntar hacia mi dirección. Pareciera que me estuviera cazando. Al menos así lo sentí.