Capítulo 04: Noticia inesperada (Parte 2).

1865 Palabras
El chico era bastante alto con la apariencia de todo un jodido nerd. Tenía lentes, y el cabello claro. Podría decir que media casi dos metros. ¡jodida mata de coco! La chica era de una estatura promedio. Cargaba con una pulcritud excepcional su uniforme y tenía una perfecta coleta, haciendo que sus rasgos asiáticos fuesen muy notables. Ambos parecían una especie de estudiantes modelos, y confirmé que así lo eran cuando la directora los vio entrar con un brillo en sus ojos, y los abrazó como sí del mismísimo Jesucristo se tratase, diciendo: - ¡Qué maravilla que han venido, mis niños perfectos! ¡Tienen que darle una gran charla de la palabra de Dios a ese niño!- Me señaló, sin tener ni un poco de esa elegancia que tenía-. ¡Dijo que era el hijo del innombrable! El chico pareció sorprendido, pero la chica reaccionó como si le hubieran dicho que era adoptada. Por eso llevé una mano a mi boca y ahogué otra grande carcajada, murmurando: - Señorita, soy hijo de Satanás, no de Voldemort. La directora volvió a regalarme otra mirada de horror, y dándonos una rápida mirada a los castigados, exclamó con cierto pánico: - ¡Ustedes tres se quedarán todo el día escuchando la palabra del señor, mientras que esperan a que sus padres vengan por ustedes! «No me importa quedarme aquí, ni siquiera quería entrar a esas aburridas clases.», pensé, mirando como la monja intentó de reponerse y nos volvió a mirar con desagrado. Girándose hacia la pequeña figura de Jayden, cuando el niño de segundo levantó tímidamente la mano, diciendo: - Pero, voy a perderme todas mis clases, señorita, y yo jamás tuve la cul... - ¡No me importa!- Le respondió ella abruptamente, y él pareció opacado y sumiso-. ¡Te quedarás aquí con estos dos, y esperarás a que tus padres vengan por ti! Entonces, antes de que alguno de nosotros tres abriera la boca, la mujer de n***o salió cuanto antes con paso torpe y apresurado por aquella puerta, dejándonos a solas con sus dos estudiantes modelo. Levanté una ceja con desagrado. El niño de segundo pareció consternado, y pude escuchar que el ogro de pantano soltó un gruñido de frustración. - Es agradable ver caras nuevas en este nuevo año- Habló de repente la chica asiática con un acento muy marcado, y todos permanecimos en un completo silencio-. Pero, es desagradable cuando vienen a interrumpir la paz de este instituto sagrado. La asiática nos miró a todos con una sonrisa modelo, y el compañero a su lado solo asintió sumisamente. Ambos, me parecían tan falsos que me daban dolor de cabeza, y por eso la interrumpí diciendo entre falsos lamentos: - ¡Gomenasai, hermana japonesa!- Ladeé la cabeza, y la miré con inocencia-. Lamento mucho los problemas. Ella pareció irritada por mi comentario, pero mantuvo la sonrisa inquebrantable en su rostro, contestándome: - Soy coreana- Sonrió con mayor intensidad, como sí se estuviese controlando-. - ¿Qué? ¿Eres china?- Dije, intentando irritarla-. - Coreana- Repitió-. - Okey, china. Su sonrisa pareció temblarle, pero aún así no perdió los estribos tan rápido como la monja. En cambio, me miró con un brillo amenazante en sus ojos. - Me llamo Lisa- Se presentó, con un tono retador-, y espero que eso les quede claro a los tres- Apartó sus ojos de mi, y volteó hacia su compañero con admiración, agregando-: Y él es Gubbler. La mata de coco solo asintió con la cabeza orgullosamente, y ella volvió a tener la palabra, hablándonos con total amabilidad pero mirándonos con un leve desprecio en sus ojos; como sí fuese mejor que nosotros. Maldita perra. - ¿Te llamas Lisa?- Pregunté, mirándola de la misma manera que ella lo hacía conmigo-. - Si. - Mmm- Llevé una mano a mi mentón inocentemente, y añadí sarcásticamente-: ¡Oh, por Dios! ¿A caso eres Lisa de Blackpink? Ya decía yo que tu cara se me hacía conocida. La asiática no pareció para nada irritada, y en su lugar se acercó a mi para poner sus manos sobre la madera del pupitre y mirarme de manera retadora. - Tu comportamiento es toda una aberración- Dijo, mirándome con ojos pequeños-. Necesitas ser arreglado, eres como un bicho defectuoso. ¿A caso fuiste un fenómeno toda tu vida? ¿Te hace sentir bien queriendo poner a las personas en ridículo? Porque si es así, no eres más, ni menos que un pedazo de excremento de perro. Entonces, la falsa sonrisa en su rostro se volvió arrogante; como su verdadera personalidad era, y sus ojos terminaron por fulminarme con asco. - Créeme, niño nuevo- Me dijo-. Te conviene no meterte conmigo, o podría destruirte en un parpadeo. Por un momento sentí que la sangre me hirvió, pero me obligué a no perder esta batalla de palabras con esa niñita perfecta. Ya había pasado por esto con la zorra de Veronica Salvatore en Lawndale. Por eso no demostré enfado alguno, y me crucé de brazos retadoramente, diciendo: - Me alegra que hayas mostrado tu verdadera naturaleza, cariño- Sonreí-. Pero, déjame decirte algo, si piensas poder contra mi, no estás ni cerca de lograrlo- Me de piernas arrogantemente-. Porque yo seré la abeja reina de este ridículo convento, y seré yo mismo quien te destruya, cara de anime. - Eso lo veremos- Dijo, y clavó todavía más sus achinados y fríos ojos sobre los míos-. Y no se había dicho, pero sabía que se había creado la rivalidad, y yo no estaba dispuesto a perder esa batalla. *** No me había dado cuenta cuán rápido el tiempo pasó en esas cuatro paredes, dónde estuve escuchando hablar a esa ridícula asiática por horas y horas sobre las palabras de un libro antiguo. El tiempo transcurrió milagrosamente rápido, y estuve agradecido cuando el timbre que indicaba la salida sonó y por fin pude separarme de ese ogro de pantano y de esa arrogante asiática y su mata de coco. Podría volver a casa finalmente. Me sentí extrañamente más aliviado cuando esos estudiantes modelos se fueron, y los padres de Caleb y Jayden vinieron a recogerlos. Y aunque Caleb estaba con un evidente temor en sus ojos cuando su padre lo pasó a recoger; algo que me pareció gracioso ya que él se hacía el chico rudo. Me hubiera reído, sí estuviera en mejores ánimos, y no tuviera en mente que mis padres no pasarían a recogerme. La directora los había llamado, obviamente que lo hizo. Pero ellos nunca vinieron por mi, y cuando el reloj marcó las seis en punto de la tarde y estaban por cerrar la escuela tuve que irme al fin y al cabo solo a casa. Mis padres no vinieron por mi. *** No supe cuánto tardé en llegar a mi nuevo hogar, pero me dí cuenta que había tardado demasiado cuando noté que la noche ya había caído, y yo todavía seguía caminando por las oscuras calles de Virginia. Por suerte ya había entrado a mi calle, y me encontraba andando por la acera con mi bolso en el hombro y los ánimos por el piso. Tenía una cara poco feliz, y el uniforme sucio. Sabía que había caminado lento de camino a casa, pero solo quería pensar en todo, y tampoco quería que mis padres vieran las lágrimas que habían corrido por mis mejillas en todo el camino. Esta vez, no lloraba por haber dejado toda mi vida en Lawndale. Lloraba, porque después de todo... no le importaba a mis padres. No le importaba a papá. Sí realmente le importase, hubiera ido por mi. Pero él era igual que mamá. Me dejó solo. Caminando por la acera miré hacia la medialuna; rodeada por nubarrones oscuros, y limpié una lágrima solitaria que había caído por mi mejilla sin que lo notase, mientras que escuchaba a varios niños jugando con sus triciclos a mi alrededor, y pensaba: «¿Cómo estarás, Scott?» En ese momento el rostro del moreno volvió a pasar por mi cabeza como en muchas ocasiones, y lo recordé. Aunque, me hubiera prohibido pensar en ese chico. Pensé en él. En esos ojasos que cargaba, y esa dulce mirada que me provocaba mariposas en el estómago. Recordé lo mucho que lo amaba. «¿Cómo estarás, Scott?», repetí con melancolía, perdido entre mis recuerdos. Sin embargo, me vi obligado a salir de mis pensamientos cuando finalmente estuve frente a mi grisácea casa. Las luces estaban encendidas, y el auto de papá estaba aparcado frente al lugar. Entonces, noté que mis padres ya habían llegado de su trabajo como camareros de un restaurante. Ya habían llegado, y no se habían dignado a ir por mi. ¡Ninguno de los dos! Me mordí el labio, y con unas lágrimas que querían caer por mis mejillas caminé con firmeza directo a la entrada para pasar, e ir directo a mi dormitorio sin decirle a ninguno de los dos nada. O al menos, eso pensaba hacer antes de que entrara con mis llaves, y escuchara un violento llanto que provenía de la sala de estar. ¿Qué era eso? La casa retumbaba de los llantos de alguien. Y por eso, con el rostro sumido en la confusión y con un extraño sentimiento que me invadió me dirigí enseguida hacia la sala de estar cuando tiré mi bolso en la entrada, y me di cuenta que esos eran los sollozos de mi madre. Ese extraño sentimiento se intensificó, y con el corazón latiendome con fuerza en el pecho, crucé hacia la sala de estar y me encontré con lo que ocurría del otro lado. ¿Qué? Estaba mamá, ese llanto era de ella. Pero se encontraba de rodillas, abrazando las piernas de un muchacho que parecía de unos veinte años y que yo no conocía. Él estaba sentado en el sofá con tristeza en sus ojos, mientras que mamá abrazaba sus piernas y mi padre lloraba silenciosamente sobre su hombro. ¿Qué estaba pasando? La escena me desconcertó, y me aclaré la garganta para que se dieran cuenta de que había llegado a casa. Algo que funcionó, y mi padre enseguida volteó a mirarme con una sonrisa, exclamando con asombro y alegría: - ¡Oh, has vuelto a casa, Cody! - Si...- Le dije, sin apartar la mirada del muchacho castaño al que tanto abrazaban-. ¿Qué pasa aquí? Él notó que mi confusión era evidente, pero mamá como solía hacer: interfirió. Volteó a mirarme con el maquillaje corrido por las lágrimas, y mientras que todavía abrazaba a ese misterioso chico de las piernas, dijo con una leve sonrisa: - Después de que lo hemos perdido en el pasado, ahora lo hemos vuelto a encontrar finalmente, Cody. Levanté una ceja, y pregunté: - ¿A quién? Mamá se levantó del suelo, y depositó un beso sobre la mejilla de ese chico, quien me miraba con un brillo nostálgico en sus ojos cafés. Papá sonrió con mayor orgullo, y le revolvió dulcemente el cabello castaño, agregando: - A Norman- Dijo, limpiando una lágrima de su mejilla, y poniendo una mano sobre el hombro de aquel chico-. Es tu hermano mayor, conocelo finalmente, Cody.
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