*** Me escabullí como un rechazado a un cubículo, y me senté sobre el retrete para comer los sándwiches que había comprado en la cafetería. Los bellos de la piel se me erizaron cuando crucé las puertas de la jodida iglesia que tenía como colegio, cruzando los dedos para no tener que encontrarme con Kai Parker en los pasillos. Agradeciendo, cuando nada más vi las caras de todos esos niños de papi y mami. Por eso cuando acabé de comer, tuve que detenerme frente a los espejos y repetirme una y otra vez que no era un cobarde. Necesitaba darme alientos, y eso hice hasta sentirme seguro y volver a salir a los pasillos con la barbilla en alto. No iba a dejar que nadie me pusiera el pie encima. Eso no volvería a pasar. Guiándome con las indicaciones de mi horario de clases, caminé hacia mi

