Me quedé helado al darme cuenta de lo que estaba pasando, dejando escapar un jadeo inconsciente que hizo que ésos hombres se percataran de mi presencia, porque reaccioné echándome para atrás cuando Norman miró directo hacia mí, y me gritó fuertemente con la voz rota: —¡Ayuda! ¡Ayúdenme, por favor! —suplicó con la cara hinchada de golpes. Y cuando el hombre que estaba frente suyo se hizo a un lado sus ojos se encontraron con los míos, y los dos nos miramos con estupefacción. Realmente yo no podía creer que Norman fuera ese chico al que estaban masacrando a golpes. Y él no podía creer que yo fuera la persona que estaba mirando. —Mira, niño, sólo largate. —de pronto me habló uno de los hombres, mirándome de una manera espeluznante. —Vuelve a casa. —terció el otro hombre, sin mucha emoción

