Caleb. Maldita sea, ¿cómo había terminado en esta maldita plaza en medio de la jodida noche por esa maldita Zuricata? - Mierda- Gruñí, mientras seguía caminando por el solitario lugar, esperando encontrarme con esa pequeña rata, pero no lo veía por ningún lado. ¿A caso me había tomado el pelo?-. No, él no podía haberme hecho eso, porque me temía. Me temía bastante porque yo era el terror más grande de la escuela y en su patética vida, y a él le convenía que yo no le partiera su jodida cara de niña una vez más. Había llegado no hace poco a la plaza a la que siempre solía venir cuando tenía problemas con mis padres y quería estar solo. Precisamente, la plaza en la que siempre me encontraba con la jodida cucaracha de alcantarilla. Pero esta vez había venido tan tarde por una razón diferen

