—¿De verdad te gusta jugar este? —de pronto escuché, y cuando levanté la cabeza vi como el rubio sostenía el disco de «Halo». —Me gusta un poco la violencia en los juegos. —musité con timidez, y él pareció bastante sorprendido. —Pensé que eras más de juegos de hacer casitas o ése tipo de cosas. —se encogió de hombros, pero caminó entusiasmado hacia la consola que ya sabía dónde estaba. Para luego colocar el juego y pasarnos los controles—. Te advierto que soy muy bueno en Halo. —me guiñó un ojo, sentándose a mi lado en la cama. —Yo… Yo también lo soy, idiota. —le saqué la lengua. —Eso lo veremos, Zuricata. Nos sonreímos de manera retadora, aunque yo lo hice más forzado que otra cosa, sintiéndome un completo idiota cuando el juego dió inicio y los aliens comenzaron a matarme en un dos

