Kai. Lo tenía en mis brazos. Después de un largo tiempo tenía al pequeño en mis brazos. Había pasado tanto que había olvidado que no pesaba demasiado, pues cuando lo levanté del suelo fue como levantar a una almohada. Por su parte, él se acurrucó en mi pecho como un niño desconsolado. Podía sentir lo helado que estaba, y el ligero temblor en su cuerpo estrecho al mío. Me pregunté si todavía estaba aterrado por lo ocurrido hace unos segundos con ésos bastardos, y apreté la mandíbula con la mirada al frente, caminando hacia mi Nissan deportivo que había aparcado frente a la acera. Con cada paso que daba hacia mi coche me maldecía a mí mismo, y tenía una sensación de ira por no haber llegado antes a la escena. Era una especie de culpabilidad. La sentía recorriendome de una manera lenta el

