—Recuerda que debo salir a buscar al Sr. Bigotes. —le contesté, tomando el cepillo de mi peinadora para acomodarme el cabello hacia un lado—. Hace unos días que se fue y no ha regresado. —Déjalo y ven a la cama conmigo. —gruñó, y palmeó la cama a su lado—. Me siento solito sin que tú estés. —me miró con ojos de cachorro, haciendo un pucherito—. Es muy temprano para buscarlo. —bostezó. —Sabes que tengo que ir a buscarlo, amor— Abrí los ojos de par en par con horror y le dí la espalda al rubio, cubriéndome inconscientemente la boca con una mano. «¿Amor?» «¿Pero qué carajos acabas de decir, Jayden? Ahora vas a espantar a ese chico», de pronto escuché de nuevo a esa voz en mi cabeza y quise morirme. —¿Eh? ¿Qué pasa? —él bostezó semidormido, mientras que se estiraba en la cama como un tigr

