Capítulo 9 El atardecer se asomaba entre los muros y reinaba en el convento. Las campanas habían marcado la última hora y, mientras las demás hermanas se preparan para descansar, Anastasia cumplía con su turno en la capilla del ala este. El aire estaba impregnado con el olor del incienso apagado y la cera derretida. Las llamas de las velas parpadeaban sobre las imágenes de santos y vírgenes, proyectando sombras danzantes en las paredes de piedra. Ella se movía con calma, ya estaba acostumbrada, cepillando los bancos de madera, recogiendo pétalos de flores marchitas y colocando agua fresca en las ánforas. Sin embargo, su mente no estaba tranquila. Desde la noche en que Dimitri había irrumpido en sus aposentos, no había podido sacarlo de sus pensamientos. Cada palabra, cada mirada, cada s

