La tentación creciente

1151 Palabras

Capítulo 7 Anastasia no recordaba haber sentido jamás algo parecido a lo que sintió cuando fue abordada por aquel hombre en los pasillos. Desde niña había vivido bajo la sombra de un deber impuesto: obedecer a su madre, aceptar el encierro del convento, resignarse a un destino que no eligió. Allí dentro, las emociones fuertes se apagaban entre rezos y silencios, hasta que se volvió un alma quieta, resignada, sin sobresaltos. Creyendo solamente en un Dios al que ella le rezaba de manera diferente. Sin embargo, ahora, con él dentro de esos muros, nada era quietud. Ese hombre desconocido había traído consigo una tempestad peor que las tormentas de nieve. Su sola presencia alteraba cada fibra de su ser, y lo que era peor: lo hacía en secreto, cuando ella se encontraba sola en la celda o reza

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