Las luces de la sala como de la cocina se encontraban apagadas, Lucia estaba lista para entrar en la cama y descansar del día tan agotador. Cuando su hija nació su graduación la vio tan lejana, pensar en que un día se iría de casa la entristecía y ese día no estaba tan lejos. Sus hijos crecieron y tenía que dejarlos volar en busca de sus sueños, lo único que la consolaba eran los mellizos en su vientre, ellos le harían compañía después de que Gabriel terminara sus estudios y emprendiera un nuevo viaje. Gabriel abrazo a Lía con toda su fuerza, la joven forcejeaba con el pequeño para escapar de sus brazos, sin embargo, no se comparaba la fuerza de Gabriel con la delicadeza de Amalia. Los dos cayeron al suelo entre risas, el peso de Gabriel dejó sin aliento a la joven. —Suéltame. —Se que

