Mateo terminó de guardar todo, evitando mirar directamente a nadie. Pero antes de irse, sus ojos se encontraron de nuevo brevemente con los de Carolle. Fue un instante fugaz, pero en él se concentraron mil emociones. Sin embargo, en esa ocasión, Carolle no sintió la intensidad habitual de su mirada. En su lugar, algo dentro de ella ardió al recordar cómo Laura le había coqueteado. Cuando Mateo se despidió, Laura aún seguía detrás de él, demasiado cerca para su gusto. Y mientras se alejaban, Carolle supo que esa mujer se había convertido en su enemiga, aunque ni siquiera conociera su nombre completo. Laura, con su sonrisa amplia y su andar confiado, no tardó en aprovechar la oportunidad para socializar una vez que Mateo se había marchado. Caminó con ligereza hasta donde estaban Hilbraim y

