Carolle intentó apartarse, pero Mateo era más rápido. En un movimiento calculado, su mano atrapó una de las de ella, llevándola hacia su pecho. —¿Lo sientes? —preguntó, su voz cargada de emoción—. ¿Sientes cómo late mi corazón por ti? Ella negó con la cabeza, intentando resistirse, pero su cuerpo no le obedecía. Antes de que pudiera decir algo más, escuchó un sonido desgarrador. Bajó la mirada, horrorizada al darse cuenta de que su vestido estaba hecho trizas en el suelo. —¡Mateo! —exclamó con los ojos llenos de furia y vergüenza. Pero Mateo no parecía arrepentido. La intensidad de su mirada no había disminuido ni un poco. —Quiero que te despojes de todo lo que te ata, Carolle. De todo lo que te obliga a ser alguien que no eres. Carolle trató de cubrirse con las manos, su mente lucha

