XLI Lo vio tomar un sorbo de su soda, le sorprendió mucho que no pidiera un café latte, o un Moca, o una bebida extravagante, tanto como lo era él. Una simple soda de fresa que al parecer disfrutaba mucho. Ella pidió un té de frutas que olía delicioso y además que al tener hierbabuena le ayudaría un tanto a calmar los nervios. —Bueno, Señor Castle, dígame qué busca en realidad —dijo Viko tomando un poco de su vaso alto, mientras él la miraba con una sonrisa. —Una joya, necesito algo para mi madre. Cumple años en un par de semanas y deseo darle algo que pueda llevar con ella siempre. Yo sé que papá puede comprarle un diamante del tamaño de su mano si se le da la gana, pero yo deseo algo que nos recuerde lo que somos. Victoria lo veía y no podía dejar de contemplar la belleza de sus ojos

