XLIII Casi no pudo salir del taxi, los tacones eran un horror de altos, sin embargo, desde que pudo poner un pie fuera, fue el centro de atención de todos. Ella destellaba esa noche y no solo por su vestido. Ese escote en su espalda también estaba haciendo estragos en las miradas lascivas de los hombres que de seguro la acecharían una vez dentro. Ella sonreía, feliz, abrazando a sus amigas que iban igual de coquetas, pero jamás tan hermosas como Viko. Intentado dominar los espantosos zancos que Charlie le obligó a usar, caminó a la fila, mas bastó solo su presencia para que pudieran saltarse todos los conductos regulares y entrar sin tener que esperar. Julian ni se lo creía, pero sabía que iba a romper muchas narices esa noche si los hombres seguían viendo a Victoria de esa forma. Se ale

