XI No se hablaron el resto de la tarde. Ya Julian no le sonreía cuando ella viraba a verlo, es más, ni siquiera la veía. El dolor en el pecho de Hanna se hizo profundo, no quería perder a su Julian, y aún seguía preguntándose por que demonios había hecho ese comentario y sobre todo en ese instante. —Señorita Castle, dígame ¿tiene ya compañero para su proyecto? —preguntó un maestro, sacando a todos de sus pensamientos. —Sí señor —respondió sin demora—, es Julian Archer. —Señor Archer —replicó el profesor—, ¿es así? —Sí señor. —El profesor anotó sus nombres, pero Hanna era incapaz de virar a verlo. Al menos sabía que cuando hicieran el dichoso informe tendrían que hablarse. Entonces llegó ese viernes. Irina temblaba ante lo inesperado, después de todo, eso fue casi que venderse a Castl

