Hoy conoceré al hombre afortunado de tenerme como su esposa.
Ruth cargo todas mis pertenencias al carruaje, “es hora de partir” me dijo y el miedo me invadió.
No puedo creer lo que estoy por hacer, el solo pensarlo me da terror. Llevo dieciocho años encerrada en mi habitación, dónde nadie más que mis padres sabían sobre mí existencia. Esto va a resultar un desastre cuando me vea, seguro que se sentirá intimidado por mis grandes músculos.
El castillo del rey Felipe se encuentran a tres días en caballo, pero tuve la percepción de que la distancia se acortó.
-¡Diablos, maldita sea! No podía creer ya habíamos llegado a la ciudad del rey.
No puedo entender por qué mi cuerpo empezó a temblar, de repente me agarraron unas ganas terrible de salir corriendo.
Baje del carruaje y me dirigí junto a mi padre, quién me recordaba en cada momento el trato que habíamos hecho.
No quiero perder a ningunos de mis sirvientes.
Sé muy bien que el príncipe se llevará una gran sorpresa cuando me vea, todos los chicos guapos son básico y le gustan el mismo estilo de chicas.
Me quedé parada en el primer escalón, puedo ver a todos esperándonos.
-¡Oh Dios mío! no, ¡¡Majestad…!!
-¿Qué sucede Abigail? Preguntó mi padre al verme inmóvil como si no fuese capaz de avanzar un paso más.
-Cambio de plan, prefiero vivir bajo tu tortura. Le supliqué, aunque jamás pensé que lo haría.
Él me miró y pude observar fuego en sus ojos, ya no tengo dudas mi padre es el diablo en persona.
Me acerque a él y empezamos a subir las escalera. Siento cómo el sudor recorre por todo mi espalda, mientras y mi corazón empezó a dar fuertes saltos.
-¿Es una broma? Se escuchó decir a una de la doncella que estaba parada del otro lado de la escaleras.
Siento tanta vergüenza, realmente quisiera que existiera alguna magia que me haga desaparecer.
El rey Enrique está junto a la reina Loise y mí prometido, el príncipe Alexander.
Puedo notar que los comentarios no le hacen honor a lo que es. Alexander, es realmente hermoso, es alto, tiene el cabello castaño claro y ojos color café. Puedo imaginar que detrás de ese elegante uniforme hay un cuerpito muy bien entrenado, pero para mi gusto es muy delgado.
El rey y la reina nos recibieron con los brazos abiertos.
Yo siento que todo se mueve a mi alrededor, no se qué es lo que está sucediendo conmigo. De repente las ganas de llorar se apoderaron de mí.
-¡Bienvenida Abigail, te presento a Alexander! Dijo la reina y el príncipe se acercó a mí y beso mis manos.
¡¡¡Dios!!!, no estaba preparada para esto… estoy muy nerviosa.
-Tranquila Princesa, escuchó a mi lado, es Ruth quien notó que no me sentía nada bien.
Yo trague seco, lo único que quiero en este momento es volver a mi habitación, dónde me siento segura.
El príncipe camina detrás de mí, puedo sentir sus pasos, se que se ha llevado una gran decepción.
Creo firmemente que la joven de la entrada era una de sus chicas y yo le arruine sus planes.
-¿Qué tal el viaje? Princesa. Escuché detrás de mí, es Alexander.
-Algo agotador, respondí sin atreverme a mirarlo.
-Hemos preparado una de las mejores habitación para que se sienta cómoda.
-Muchas gracias, en este momento solo tengo hambre y sueños.
-He visitado en una ocasión su castillo, pero jamás la he visto. Me dijo el príncipe, yo quería decirle que estaba encerrada en mi cueva, privada de mi libertad por el cruel padre que me tocó y bajo ningún medio mancharía su reputación presentando a su hija gorda.
-No me he enterado de su visita, probablemente estaba en algún viaje. Mentí por qué es lo mejor.
-¡Uuh!, Te gustan los viajes... eso es estupendo. Respondió él con una sonrisa de lado.
Traté de seguirle la corriente, mientras luchaba por calmar mis nervios, y que él me hable no está ayudándome.
No puedo creer que el príncipe Alexander esté hablando conmigo, de seguro ya tiene planeado la mejor manera de deshacerse de mí.
No voy a caer en sus garras, se que es un charlatán. ¡Flacucho!
Para su desgracia soy una mujer muy fuerte, no podrá contra mí, le quebraría sus finos brazos.
Nos sentamos para almorzar, mi padre empezó a hablar sobre sus planes de conquistas en la que ambos participarán.
-No le quitemos el protagonismo a la nueva pareja. Comentó la reina Loise.
Al escuchar eso, la comida se me atoró, me agarró una desesperación. Mi padre golpeó mi espalda disimuladamente, traté de relajarme y el Príncipe se adelantó en contestar.
-Los protagonista son los reyes, pronto llegará nuestro momento de hacer honor a su legado. Respondió el Príncipe.
El príncipe clavó su mirada en mí, como si intentará decirme algo.
Tiene una sonrisa de lado, sospecho que algo está tramando y le devolví la misma mirada.
No voy a permitir que un flaquito de cara bonita me intimide.
-La boda la realizaremos el miércoles, ya está todo listo, espero que la reina Stephany llegue a tiempo.
-¡Olvídalo, no vendrá! comenté en voz alta sin darme cuenta.
-Lo digo porque su panza está enorme, y quizás le haga daño al bebé. Intenté arreglar mi comentario, antes que mi padre saque su espada y corte mi cabeza de una buena vez.
Miré al príncipe y note nostalgia en la expresión de su rostro, intentará suicidarse antes de casarse con alguien como yo. Espero que eso no suceda, sería un gran desperdicio.
Además, después sus novias vendrán tras mí, no quiero ser culpable de una masacre.
-Princesa... ¿esta bien? ¿has escuchado lo que dije? Me preguntó la reina Loise.
-Cariño, no te preocupes por nada, si tu madre no puede venir yo estaré junto a ti, apartir de ahora eres como una hija.
Yo le agradecí por su comentario...Ella no imagina lo que eso significaba para mí, no quiero llorar en la mesa, pedí permiso para poder retirarme e ir a mi habitación.
No sé por qué razón, me siento afectada por las palabras de la reina Loise. Debería de sentirme feliz, pero es todo lo contrario.
No puedo permitir que esto me afecte, necesito ser fuerte. En unos días me casare, y este será mi nuevo hogar... debo ser fuerte.