Lilly Dos días despues Iker salió del hospital. Le acompañé a su casa y una vez en su habitación, su madre nos dejó solos. Al pobre le habían dejado una costilla rota y debía estar en reposo durante algunas semanas. —¡Gracias Lilly!—, tomó mi mano y me acercó a él —Quiero que te quedes a vivir en esta casa—, dijo y retiré mi mano. —No, yo no me mudaré sin antes estar divorciada. —Pero que más da que vivas conmigo aún estando casada, si de todos modos el mundo entero sabe que tenemos una relación. —Relación a la que me forzó señor Lanús. Y no lo hago por lo que el mundo entero pueda decir, si no por mis principios, no soy de las que le rinde cuentas al mundo, pero si a Dios. —No me digas así, Lilly. ¿Sabías que de tus labios se escucha hermoso mi nombre?— Volvió a tomar mi mano y ace

