Me levanté, no quería seguir escuchando sus estúpidas disculpas. Salí a toda prisa con mis ojos llenos de lágrimas, no me importó que los ahí presente me escucharan gritar y me vieran llorar, definitivamente nada me importaba, todo me daba exactamente igual. Llegué hasta la calle y tomé un taxi, ni si quiera sabía donde ir, en qué lugar esconderme y llorar con fuerza. Después de un largo trayecto llegué a casa, subí hasta la habitación la cual se encontraba oscura, una vez que encendí la luz encontré a Emilia recostada en mi cama y en sus manos abrazaba un cuaderno, al verme se levantó e inmediatamente limpié mis lágrimas y me senté junto a ella. —Cariño ¿Qué haces aquí? Bajó la mirada y masculló. —Estaba esperando el tío Enrre, tengo que hacer una tarea de álgebra y no entiendo —Si

