CAPITULO 29

2149 Palabras

Cuando la caída es inminente y el destino se pone a favor de ella para propiciarla no hay mucho que se pueda hacer, alterar el destino no es bueno para nadie porque al final de cuentas es el mismo destino quien se encarga de corregir y como si se tratara de aguas acaudaladas por la lluvia, las obliga a regresar a su cauce normal sin dilaciones. Adrianus parecía querer abalanzarse sobre mi en cualquier momento, posiblemente había dejado escapar de mis labios la que era su mayor vergüenza. —Los simples rumores no terminaran conmigo Gia—Refutó entonces caminando unos pasos en mi dirección—No soy como tú. —¿Acaso me vez derrotada por rumores? —Negué con la cabeza—A diferencia tuya los míos si eran eso, rumores que al final terminaron esclarecidos, pero no podemos decir lo mismo de los tuyos,

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