MAXIMILIAN Coloque mis manos a ambos lados de la pequeña mesa mientras me reclinaba sobre ella, acababa de echar un poco de agua sobre mi rostro intentando despertar poco a poco, había tenido una pesadilla, una dura pesadilla que me hizo temblar las manos por breves instantes, posiblemente eran cerca de las seis de la mañana, habíamos desembarcado el día anterior en Britania del Sur. En aquel macabro sueño miraba a mi esposa siendo traspasada por una gladius, antes de darme cuenta estaba sentado sobre la cama repitiéndome una y otra vez que solamente era un simple sueño. El frio un calaba profundo los huesos, pero no tanto como al principio de la campaña unos meses atrás, la primera asolaba con su presencia y nos regalaba un clima prospero para continuar, el final de invierno no costo n

