Adrianus caminaba de un lado a otro con la cabeza hecha un lio, había dormido poco después de todas aquellas palabras que el augur le había dado, sus ojos no lograban cerrarse y debajo de ellas había unas enormes ojeras. Su tío lo observaba maldiciendo la hora en la que había permitido que le leyeran su futuro pues aquello lo había colocado histérico y posiblemente eran solo las palabras de un charlatán que no parecía tenerle miedo a la muerte. —Le diré al doctor que te prepare algo para que puedas dormir esta noche—Comentó un poco nerviosa dándole un trago a su copa de vino, Adrianus negó con la cabeza alegando de inmediato que no necesitaba dormir y que además solicitaría un catador o decenas de ellos pues no volvería a probar un bocado si antes no había sido probado. —Estaré tranq

