La falda de Tara era ajustada y extremadamente corta. La distancia desde el dobladillo hasta la parte más baja de sus labios vaginales, cuando estaba de pie, no podía ser mayor a una pulgada. Tampoco llevaba tanga. Tara me mostró su situación y luego se sonrojó y soltó una risita nerviosa. La blusa de Tara le quedaba muy ajustada, como si fuera dos tallas o más pequeña. No llevaba sujetador, y sus pezones erectos se marcaban a través de la tela blanca opaca. Aún podía ver el tono más oscuro de sus areolas. Tara solía usar tacones altos, generalmente de cinco o siete centímetros. Esa mañana, llevaba unos tacones negros de charol de doce centímetros que gritaban a los cuatro vientos que quería que la follaran. Tara era un bombón. Cómo había logrado entrar al edificio sin ser acosada o vio

