Pensativa seguí tras él me mostró una amplia recamara toda recubierta con la belleza de su enigmático santuario. En la primera ocasión que aparecí en su morada había unas mozas de hermosa apariencia para el servicio de Baal, pero todo se veía ahora en completa soledad y silencio a excepción de nosotros. Me guío hasta dar a un precioso lugar de descanso. La gran cama relucía con un amplio cortinaje de telas con brocados en su confección, al igual que las que cubrían el amplio colchón. Las paredes con hermosos grabados en figuras y un lenguaje atractivo aunque desconocido para mí. Dos angostas pilastras en cada lado de la cama, que al igual tenían signos y figuras. Dos antorchas en lo alto, una a cada lado en el muro sobre la cama iluminaba preciosamente el recinto, con uno que otro gran c

