Jirel permitió un rato de lucha entre ambos: princesa y príncipe, pero al notar que Nigromante ganaba increíblemente la contienda, exclamó en voz alta algo que entendí muy bien: —Es retenido por peso de juramento el poder oculto de Nigromante. Del suelo apareció una densa neblina que rodeó a Nigromante, casi de inmediato cayó de rodillas. Se apoyó con ambas manos al balancearse su cuerpo. Sus ropas volvieron a ser blancas en su totalidad y la hermosa lanza desapareció. Miraba en sus ojos un fulgor azulado, mientras respiraba con dificultad. Asídemes al retomar aliento, sin clemencia alzó su sable a la cabeza de Nigromante. —¡No! —Grité, yendo a su encuentro en una carrera. Justo cuando creí que lo atravesaría con el filo de su espada, Nigromante retomó aliento e impidió la acometi

