Jirel no se había encontrado con la incertidumbre desde hacía mucho tiempo. La profecía le fue otorgada como un pequeño rayo que toca así de pronto y de improvisto el suelo donde retumba, pero descubriéndolo todo con su destellante luz por escasos segundos. Para un inmortal el tiempo está simplemente conformado de ciclos, en las cuales a veces el hombre tiende a crecer y evoluciona, y en otras donde involuciona y oscure su propia historia. Los residentes eternos en su gran mayoría raras veces tienden a necesitar estabilidad pues la mantienen por la experiencia, una tan larga que les concede recordar con claridad hechos y sucesos que tal vez para los mortales ni siquiera hayan existido. Jirel durante su existencia había sido llamado a proteger tales anales del tiempo. Por lo que era uno

