Capítulo 7: Una noche

1295 Palabras
VII Rena subía al elevador con sus tacones en la mano, ya no los soportaba más. Douglas a su vez tenía los brazos repletos de obsequios, los invitados improvisados resultaron muy generosos. Claro, casi todas parecían ser cosas que vendían en el hotel. La ceremonia fue, sin lugar a dudas, hermosa. No podían esperar más en las circunstancias apresuradas y fuera de lugar en las que estaban, no obstante, lo gozaron mucho. Tuvo que acabarse algo temprano, la mayoría de invitados partían en la madrugada. Incluso ellos se irían al día siguiente en la noche. —Dicen que tienen una habitación para nosotros con una cena especial. No la perderemos —dijo Doug entusiasta. —Tienes razón. Rena tragó saliva y suspiró un tanto. Cuando llegaron a la habitación asignada, no pudieron disimular la sorpresa del detalle en cada rincón, hecho para una noche de bodas inolvidable. Pétalos de rosas en el piso, sobre la cama, velas, chocolates, botellas de vino. Douglas se adentró más, encendió la luces y comenzó a inspeccionar todo. Había una nota en la que le pedían que para subir la cena, por favor, avisara al número ahí escrito. —Veo... bueno haremos lo que tú digas Rena. —Yo la verdad estoy repleta, comimos demasiado —respondió la joven, buscando con afán algo en su bolso. —Tienes razón. Douglas se sentó en la cama, también esta se encontraba muy bien. Iba a agregar algo, solo que Rena lo interrumpió, diciendo que pasaría un momento al baño, que por favor esperara. Él obedeció, su único plan era regresar a su habitación y dormir un rato. Estaba agotado, la correría minó sus energías. Supuso que su «esposa», también querría descansar, así que solo le quedaba despedirse. Rena, en cambio, se encontraba dentro del baño quitándose el vestido y poniéndose ligueros y un corsé transparente. Ella estaba decidida a tener su noche con ese amable desconocido que ahora era su esposo. Había escuchado tanto a sus compañeras de trabajo que alardeaban de acostarse con tipos que conocían en un bar y decir que resultaba algo maravilloso. Para ella, era muy parecido lo que sucedía, tendría una noche que completaría la locura. Además de seguro, Doug también lo esperaba. Él estaba algo inquieto, Rena se estaba tardando un poco. Se levantó de la cama y se sirvió vino tinto, licor que adornaba un costado de la cama. Caminó con la copa hasta el ventanal, abrió un poco para dejar entrar la brisa marina, cosa que le gustó mucho. La costa se veía muy oscura y a lo lejos se oía la música. —Estoy lista… —Para q… Douglas se quedó congelado, con los ojos muy abiertos y la copa media levantada. No podía creer lo que veía, lo preciosa que esa joven lucía en esas escasas ropas, su diminuta braga que apenas si cubría lo necesario, sus medias de ligueros, su corsé que no dejaba mucho a la imaginación. Rena, en cambio, estaba rojita como un tomate. La cabeza de Doug empezó a girar y su corazón bombeaba más de lo que podía soportar. La copa se resbaló de su mano, estaba consternado. No obstante, los segundos pasaban y él no decía nada, parecía que ni siquiera respiraba. Ella se mordió los labios, algo no estaba bien, no se suponía que debía estar tan callado. Fue entonces que comprendió, que él, de verdad, no tenía en sus planes tener sexo con ella. —No quería desperdiciar esta prenda… —masculló nerviosa. Doug apenas resopló—. Yo creí… ¡Oh, Dios! ¿Tú no lo esperabas, verdad? No tenías pensado nada así, ¡¿Cierto?! Debes pensar que soy una… Rena dio la vuelta, iba a regresar al baño, solo que él fue más rápido deteniéndola. —¡¡Claro que sí!! ¡Claro que lo pensé! Solo que no sabía cómo… ¿Pedirlo? Con suavidad logró que girara para verlo. Ella puso sus manos en el pecho amplio de su marido temporal, aliviada. Claramente, Doug no se esperaba para nada tener sexo con ella, además en el famoso documento, ese tema se había pasado por alto, dando por hecho que no podría tocarla. —“Ya, deja de ser un estúpido”—pensó, cambiando su expresión de estupor, por la del lobo feroz. Rena no decía nada, la verdad no había mucho que explicar en ese momento. Él la haló un poco y se sentó en la cama, con ella ahí al frente suyo, casi desnuda. No iba a decir una palabra, que despertara a Rena de ese momento. Seguro de sus movimientos, sus manos se fueron directo al trasero de Rena, el que presionó con fuerza, resoplando en el ombligo de la joven. Ella jadeó, esa caricia ruda le había gustado. Llevó sus manos al cabello renegrido de su esposo y lo revolvió un poco, haciendo que el contacto del rostro de él con sus senos, se acortara peligrosamente. —Rena… no voy a parar… Douglas creyó que debía dejar en claro su postura. Rena, que podía sentir como esas manos le acariciaban las piernas cubiertas con esas medias de seda, de nuevo, lo tomó por el rostro a dos manos para besarlo. Así entonces el botón de encendido en el cuerpo de Douglas Akerman se activaba y ya no se apagaría. Excitado, ahora fue él quien se puso en pie. Ella se sentó, parecía querer probarla hasta donde iba a llegar. Rena entonces deslizó sus manos por debajo de la camisa de lino muy blanco, buscando su abdomen que estaba duro, remarcado a más no poder. Siguió subiendo, así como subían las pulsaciones de Doug, hasta toparse con su pecho y sus pezones, los cuales acarició, deseosa. —¡Ah! —jadeó Doug ante ese contacto. Rena se puso en pie y poniéndose de puntitas, logró lamer a su esposo, justo en su manzana de Adán. Ahí, entonces, Doug la tomó por las muñecas, como si quisiera detenerla, quizás dándole el último segundo para que se arrepintiera. Ella no hizo nada. Ya no había marcha atrás. Uno a uno sus botones fueron desabrochados, dejando besos a su pecho bronceado, liso y ya sudoroso. Rena estaba extasiada al saber que bajo la ropa se escondía ese semental que solo había visto en revistas. Aunque, ya le empezaba a angustiar que él se encontrara tan callado. La camisa cayó al piso, quedaba descubrir que tenía el señor Akerman entre las piernas. Cuando Rena le puso sus manos en el cinturón, de nuevo, él fue más rápido y se hincó de rodillas frente a ella. La joven por poco pierde el equilibrio con ese movimiento repentino, hasta que sintió que con su nariz, él aspiraba la esencia de su pelvis. Rena volvió a jadear, se acercaba a esa zona peligrosa y que gritaba por ser invadida. Bajó su mirada, él tenía los ojos cerrados, deseosos. Ella se mordió de nuevo los labios, hasta que la inquieta y húmeda lengua de Doug, la saboreó por encima de las pantaletas, para morderla después un poco. Quedaba claro que así se las quitaría. —¡Más! —jadeó ella muy bajo, como si hubiera sido para sí misma. Sus ojos se cruzaron con los de Doug, que había desaparecido para darle paso a una bestia que se la iba a devorar entera y muy, muy lentamente. Hasta que suplicara porque parara, porque la matara y la reviviera, una y otra vez. Furioso, se levantó no sin antes cargársela en la cintura, y arrinconarse con ella a una pared. Rena dio un pequeño grito, él se aferró con sus dientes a ese cuello frágil, friccionando su pecho con los senos aún cubiertos de su chica, aunque no lo estarían por mucho. *** Fin capítulo 7
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