Se estiró, frotándose los ojos, todavía acostumbrándose a estar completamente despierto y a funcionar tan temprano. Jasón lo miró, sonriendo con el cigarrillo en la boca. —Lo lograste —dijo Jasón, exhalando una nube de humo—. Estaba empezando a pensar que tendría que venir a sacarte de la cama después de todo. Diego puso los ojos en blanco y caminó hacia él. —Realmente te gusta arrastrarme, ¿no? Jasón se rió, tiró el cigarrillo a la basura y lo arrojó a un basurero cercano. —Solo cuando lo haces fácil. Diego dejó escapar un fuerte suspiro por la nariz, tratando de sacudirse el aturdimiento que aún se aferraba a él. —Entonces, ¿qué tienen de especial estos waffles? —preguntó, siguiendo a Jasón hasta el restaurante; la puerta se abrió con un leve tintineo. Jasón le dirigió una sonrisa

