Hacía mucho frio, Enith no toleraba ya su cuerpo tembloroso y helado, odiaba esperar, en realidad detestaba aguardar por resultados, por personas y por acontecimientos, y mucho menos cuando ella estaba pagando, por lo que, mientras se abrazaba a sí misma escondida en los jardines principales del palacio no pudo evitar recordar (al mirar la entrada del castillo, donde unas enormes puertas de cristal dividían el exterior con el interior) aquella noche, en la que todo había comenzado, allí había sido donde le había dicho esas crueles palabras a Joanna, palabras de las que ahora se arrepentía, desvió la mirada de los escalones del porche trasero, suspiró mirando la noche extendiéndose silenciosa sobre ella, Enith se estremeció mirando el castillo, era imponente y aterrador, si viajara en el tiempo y se topara con su yo de niña, aquella chiquilla no le creería si le contara que allí era donde vivía, se mordió los labios agradecida de que Bonny no la mirara titubear, se había tenido que escabullir en plena madrugada para realizar su cometido.
Escuchó un crujido de hojas que la hizo levantar la mirada como un ciervo en alerta, pesé a que estaba esperando a alguien, le aterraba la idea de que alguno de los secuaces o el propio Griffin se colaran al castillo, ya lo habían hecho una vez, no dudaba que no osara en volver a aparecer, todavía recordaba esa noche como la peor de todas, le daban escalofríos al recordar los ojos malvados de ese monstruo.
Se abrazó a sí misma asomando la cabeza por unos arbustos que le estaban sirviendo de escondite, y sintió un alivio cuando miró al soldado aparecer sigiloso, relajó los hombros saliendo con dificultad de los arbustos, ella maldijo arrancando la tela de su holgado vestido n***o de los dedos secos de las ramas, sin importarle que le arañaran la tela costosa.
Refunfuño, enfadada, mirando con fuego el rostro del joven soldado, el que sonrió cuando la miró aparecer de los arbustos peleando con las ramas, sus ojos marrones escrutaron a Enith con diversión, ella pateo con irritación una rama seca regresándola de nuevo a las hojas para después, apretar el gesto al percatarse que el soldado se divertía con su hazaña.
- ¿Qué es tan gracioso? – Le espetó ella soltando el aire contenido en sus pulmones, mientras miraba el uniforme azabache cubierto de lodo y lo que parecía ser sangre.
Ella fingió que no le perturbaba descubrir la suciedad en la ropa del soldado.
-Discúlpeme señorita-. Él le hizo una inclinación más para ocultar su sonrisa que por disculparse.
Enith gruño cruzándose de brazos.
- No te pago para que te rías de mi ¿Quién te crees que eres? -Escupió ella mirándolo con una llama azul en los ojos, el soldado se relamió los labios, nada intimidado, pero podía reconocer que era la única mujer que conocía que tenía un carácter difícil.
El soldado volvió a hacerle una inclinación desembarazándose de la pequeña maleta cilíndrica que llevaba colgando del hombro, la modelo apretó los labios mirándolo abrir la maleta frente a ella.
-Mi Lady perdone que me tomé estás libertades, pero-, metió las manos en el interior sacando numerosas prendas que hicieron que Enith frunciera los labios con desagrado -me temo que tiene que quitarse ese vestido-. Le dijo y ella se abrazó a si misma al reparar en los ojos que la escrutaban.
- ¿Por qué? -Exigió ella.
El joven muchacho se pasó la lengua por los labios.
-Esta noche iremos a pie, no puedo dejar que alguien vea lo…- Él se aclaró la garganta mirándola con aires divertidos -ostentosa que es-. Finalizó casi en un hilo de voz, una vena gruesa atravesó la frente de la modelo, la colera le llenó el pecho ¿A que mierda se refería con ostentosa?
- ¿Qué? ¿Y el auto? -, Enith se acercó al muchacho haciéndolo retirarse dos pasos -No caminaré por Radu como una pobretona limosnera-, casi le dieron ganas de manotearlo - ¿Dónde dejaste el maldito auto donde nos llevaste a la prisión? –
El joven soldado negó con la cabeza.
-Los siento señorita, pero estamos en guerra, es demasiado arriesgado irnos así, es mejor si nos escurrimos disfrazados, por su seguridad…-
La cólera aglomerada de Enith la hizo arrancarle la maleta de las manos para tomar la ropa más decente y menos apestosa que encontró y caminando de regresó a los arbustos fulmino con la mirada al soldado, quien la miró entrar a los árboles con diversión, acción que la sacaba de quicio, ese tipo era un igualado, ¿Cómo se atrevía?
- ¡Ya sé que estamos en guerra, no soy estúpida! -Levantó la voz un poco más alto de lo que quería.
Los escuchó reírse con disimulo mientras se sacaba las costosas ropas de ella, sin importarle el frio echó las telas muy hondo en los arbustos mientras su compañero comenzaba a cambiarse también, Enith tragó el nudo que se le formó en la garganta al mismo tiempo en que lograba encontrar un punto libre de hojas en el arbusto, en el que pudo mirar al soldado sacarse el sucio uniforme de las fuerzas del sol con una habilidad propia de un soldado, percatándose de su cuerpo fresco de dolorosos cardenales y rasguños que parecían molestarle cuando se movía, ella aguardó un momento cerrando los ojos para tomar el aire frio de la noche, para volver los ojos mientras él se acomodaba los pantalones en silencio, comprobando que físicamente era atractivo, confirmo sus brazos rollizos y su vientre firme y trabajado, la luz de la luna ilumino el cuerpo masculino, su cabello n***o estaba semi largo y se le aglomeraba en la frente cuando agachaba la cabeza, dándole facciones atractivas, claro estaba, no podía compararlo con Chariose, quien poseía una belleza sobrehumana que podía competir con Griffin, ambos eran divinos, aquel soldado era solo guapo, sin embargo, por alguna extraña razón, Enith no pudo apartar la mirada de sus pectorales, ni de la curvatura de su nariz respingada o su quijada cuadrada.
- ¿Cuál es tu nombre soldado? -Se atrevió a romper el silencio la modelo al estar por terminar de acoplarse los roídos pantalones negros que le quedaban un poco flojos, él levantó la cabeza mirando el arbusto al mismo tiempo en que se acoplaba las botas de su uniforme.
Él sonrió, Enith lo descubrió, pero no lo evidenció.
-Es la primera vez que me pregunta mi nombre-.
-Eres mi empleado-, salió de los arbustos recogiéndose el azabache cabello en una coleta de caballo baja -no te ilusiones, solo que ya me cansé de llamarte soldado-.
Él desvió la mirada para que ella no lo descubriera morderse los labios.
-Dosel Aguasclaras, My Lady-. Le hizo una inclinación provocando en ella un respingo auténtico, conocía ese apellido tan bien, como su propio nombre.
- ¿Acaso eres algo del comandante Cornelius…-
-Es mi padre señorita-. Dijo él acoplándose sus armas en el cinturón que acomodó en su cintura, para después esconder entre los arbustos el maletín y su uniforme, el interés de Enith se activó al cien por ciento, la noche se tornaba mejor de los que esperaba.
- ¿Y qué hace el hijo del flamante Cornelius cobrando por favores ilegales como estos? -Ella se cruzó de brazos, él soltó un suspiro poniéndose las manos en jarras, echando un vistazo alrededor, no quería toparse con los rondines nocturnos.
-Siempre he sido un hombre de emociones fuertes-. Le contestó él esbozando una enorme sonrisa de media luna, Enith levantó una ceja azabache sin despegar sus brazos del pecho.
-Bien, hombre de emociones fuertes-, Enith se acercó a él sintiendo el frio colarse por la holgada blusa floja que se había puesto encima de su desnudez - ¿Cómo nos sacará del castillo? -Ella sonó interesada, él pareció emocionarse.
- Aunque no lo parezca señorita-, él le indicó que lo siguiera, Enith no perdió el tiempo, le obedeció, ambos comenzaron a atravesar el enorme jardín con precaución -de pequeño me crie aquí, en el castillo-. Dosel la llevó por la arbolada que bordeaba el jardín, ella soltó el aire contenido en sus pulmones siguiéndolo con el corazón en la garganta.
-Aja, ¿y? –
Dosel se tomó la libertad de llevarla mucho más haya todavía luego de reír por debajo, atravesando lo que ya le parecía un pequeño bosque de árboles frutales que poco a poco se cernían en difíciles laberintos que a Enith le costó seguir, pero, con la guía del soldado le basto para sentirme menos perdida.
-Antes de que mi padre fuera destituido de su título como comandante de todas las fuerzas del rey, con la ascensión al trono de Chariose, yo fui compañero de juegos del príncipe, en el reinado de Vado-. Confesó haciendo que Enith genuinamente se sorprendiera, más no se distrajera de su misión.
- ¿Y qué tiene que ver eso con nuestra salida de la fortaleza que es el castillo? –
Dosel se detuvo de pronto frente a ella, ambos se miraron por un corto momento, Enith sintió un estremecimiento recorrerle la espalda al darse cuenta de lo cerca que lo tenía, se relamió los labios mientras él se agachaba junto con ella junto a una pared de enredaderas, ella soltó aire sintiendo la hierba fresca mojarle las rodillas, luego lo vio alargar una mano frente al grupo de lianas y maleza, Enith frunció el ceño cuando Dosel comenzó a apartar las ramas y las hojas aglomeradas con movimientos rápidos, revelando así al poco rato, una pequeña y casi imperceptible puertecita de madera, tan reducida que le pareció darse cuenta que no podría caber en ella, sus ojos escrutaron con curiosidad lo escondida que estaba, ella jamás se hubiera dado cuenta que algo así estaba tan cerca y accesible.
-Paso My Lady que, el ser compañero de juegos del rey, me dio la oportunidad de descubrir los pasadizos que Chariose utilizaba para escapar del castillo sin ser visto-. Dijo y el pecho de Enith se llenó de emoción, pero lo disimuló aclarándose la garganta.
-Recuérdame descontarte de tu paga-, ella tomó la puertecita con fuerza para tirar de ella, cediendo casi al instante, la corriente de aire le enfrió el rostro -creí que sería más difícil salir, me alegro que no haya sido difícil, así no te tengo que pagar más-, Enith se agachó aplastando el pecho en la hierba salvaje y sin mirar el rostro de Dosel se arrastró por el pequeño pasadizo atestado de arañas, polvo y animalillos que no quiso mirar.
Jadeo empujándose con las piernas lo más fuerte que pudo, sabía que del otro lado la esperaba la libertad, podía sentir la corriente de aire y el olor salado del mar, su corazón se estrujó en su pecho al imaginar a Chariose de niño, escapándose furtivamente del castillo, arrastrándose por aquel estrecho y claustrofóbico pasadizo para encontrarse a escondidas con Joanna, los recordaba irse corriendo para escapar de los soldados que buscaban al príncipe, el cómo se reían agarrados de la mano mientras ella corría detrás de ellos como su perrito faldero, un estrujón en su corazón casi la hace titubear, animándola a avanzar más rápido al sentir como aquellas paredes se hacían todavía más pequeñas, constriñéndola, pataleo fuerte y fue cuando sintió que golpeo con la suela de su bota el brazo de Dosel, pero sin importarle emergió del túnel en miniatura sintiendo como le faltaba el aliento.
Poniéndose de pie y entre jadeos se sacó la tierra de la blusa mirando la oscuridad del bosque que rodeaba el castillo, enfocó su mirada más haya percatándose del vacío que revelaba el peñasco entre la tierra y el mar.
-Si no fuera una dama-, escuchó la voz irritante de Dosel, quien terminaba de salir del hueco para luego ponerse de pie muy a duras penas -podría ser un buen soldado-, bufó -tiene mucha fuerza en las piernas-. Él se llevó la mano a la cara para sobársela, Enith sonrió al descubrir que su tacón no le había dado en el brazo sino en medio de su bonita cara de niño, amansando su corazón rencoroso.
-Ya llévame-, se puso en jarras -si me haces perder más tiempo te pagaré menos-.
Pero, por más que deseaba incordiar al soldado, este parecía divertirse todavía más con ella.
Dosel y ella, emprendieron el camino a la ciudad, él la tuvo que llevar por senderos difíciles, muy para el humor de la modelo, la que tropezaba y se doblaba los tobillos cuando intentaba seguirle el paso a un muy experimentado soldado que parecía llevarla a propósito por desniveles y charcos de lodo helado, Enith se limitó solo a refunfuñar, estaba consciente que ese era el precio que debía de pagar por su ambición, no importaba mancharse la ropa o el pelo si al final cumplía sus objetivos, estaba haciendo todo para lograrlo, incluso pagar a un soldado con poco amor a la armada que cobraba por favores así, el que por si fuera poco, la llevaba por los caminos más pedregosos en mitad de una madrugada helada.
-Por aquí señorita-, le indicó el soldado, Enith por poco duda de que en realidad Dosel la estuviera conduciendo por el camino correcto, pero cuando vio a lo lejos las luces neones de la ciudad pudo relajar los hombros -solo tenga cuidado donde pisa-. Le advirtió segundos después de que Enith resbalara por un pronunciado desnivel que la hizo rodar un poco, lastimándose las rodillas y el hombro derecho, ella blasfemo cuando Dosel la puso de pie de un rápido movimiento, ella lo apartó jadeando de colera.
- ¡Eres un sinvergüenza, idiota! -Enith se sacudió las hojas del pelo luego de reacomodarse su blusa medio volteada, Dosel no pudo evitar reírse.
-Ya casi llegamos a la ciudad, por favor evite caerse más-. Se burló él y ella lo manoteo lejos.
Se sintió aliviada cuando sus pies luego de horas pudieron pisar el suelo firme y empedrado de la ciudad, pero, no así su cerebro, el que le arrojó señales de alerta, ahora no estaban en la seguridad del bosque, la ciudad en plena madrugada era un hervidero de malas decisiones, Dosel cambió su rostro, ella comprobó la seriedad y la alerta con que miraba las calles desiertas, el corazón de ambos sonó como un arrulló en la oscuridad tétrica, instintivamente Enith se pegó al soldado, quien la miró con los ojos fijos, y sacando su arma del cintillo la preparó por si acaso.
Caminaron pegando las espaldas en las paredes, mirando por sobre sus hombros y asomando la cabeza por las esquinas, precavidos incluso del sonido de sus botas contra la piedra, por fortuna, la ciudad era estrecha, llena de callejones y rincones que podía usar como escondrijos para evitar ser vistos, Enith se sintió como la primera vez que salió del castillo, no podía compararla en realidad, estaba claro que en esos días corría menos riesgo del que estaban viviendo en esos momentos, pero, no pudo dejar de sentirse aterrada, llena de frío y jadeante, como Joanna aquella noche de su encuentro con Griffin, quiso apartar la sensación, era desagradable sentirla, no solo porque tenía pánico, sino porque odiaba entender a Joanna, el cómo pudo haberse sentido aquella noche, en el terror y el dolor que experimento.
Rodeó el brazo de Dosel, tenía que sentirse segura, apartar la sensación de miedo que le picaba el pensamiento, él frunció el entrecejo al sentir como la chica se aferraba a su brazo como una criatura desesperada, sin embargo, él dejó que ella aplastara su cuerpo frio contra el de él, también tenía miedo, entendía que estaban más que vulnerables, no habría mucho que pudiera hacer si encontraba a más de uno de esos monstruos, podía apañárselas con uno, pero, sería difícil si había un grupo, no podía comparar cuando peleo con ellos en las fronteras o, en la batalla de la avenida, allí al menos sabía podía saber que sus compañeros lo respaldaban, aquí, no contaba con nadie, mucho menos con una bonita señorita más que caprichosa e inútil que solo lo vulneraba mucho más, Dosel suspiró apretando su escopeta, repasó una nota mental, debería recordarse que, si no había ningún contratiempo, le cobraría el doble a Enith, o al menos un beso por el riesgo.
- ¿Falta mucho? -Le interrumpió los pensamientos, Dosel comprobó su alrededor, ni siquiera los grillos o los perros se escuchaban, erizándole la piel, pero, asintiendo con la cabeza la consoló.
-No-. Contestó en un hilo de voz.
- ¿Estás seguro? –
Dosel se irritó, si, ella era muy hermosa, pero también era demasiado molesta.
-Por supuesto señorita, hago bien mi trabajo-. Le contestó, pero, aunque esperó que ella le rezongara, no obtuvo respuesta, por como sintió que temblaba enredada en su brazo, estaba seguro que estaba más aterrada que otra cosa.
Anduvieron una media hora más, y no fue hasta que Dosel miró el largo edificio frente a ellos que destensó el cuerpo, de nuevo miró por sobre sus hombros y tomando con una mano gentil a Enith la miró.
-Es aquí-. Le indicó llegando a las puertas cerradas del largo edificio de cantera, Enith jadeó queriendo empujar las amplias puertas de doble ala, pero se frustró cuando estás no cedieron ante su fuerza.
- ¡Maldición! - Chilló Enith con el corazón latiendo fuerte en su pecho.
-Es de esperarse, no dejaran que nadie entre con facilidad, estam…-
-Si vuelves a decir que estamos en guerra te rompo la nariz-. Lo interrumpió Enith apretando los dientes, Dosel no pudo evitar sonreí aunque estuvieran en mitad de un campo de guerra -Quizás debería llamar a su habitación-. Dosel apuntó los botoncitos incrustados en el muro de la entrada.
-Esto no puede ser-. Refunfuño ella percatándose de lo absurdo que estaba resultando todo - ¿Y cuál número de mierda es Dosel? ¿Para eso te estoy pagando? -Ella tenía ganas de gritarle, pero solo se limitó a susurrar con irritación.
-El 16-. Le contestó él y ella sin aguardar más tiempo timbró con insistencia, no quería estar un segundo más de pie en mitad de la madrugada, con el riesgo de que su aventura terminara más rápido de lo que hubiera deseado, así que, desesperada apretó el botón con la intención de despertar del quinto sueño a su objetivo.
Al par de minutos, mientras Dosel apuntaba a la oscuridad de la calle en un método para estar preparado, la bocina vieja junto a los botones de las habitaciones se encendió en una interferencia que a Enith le emocionó.
- ¡Identifíquese! ¿Necesita ayuda? ¿Quién es? -Escuchó la voz alertada del hombre tras la línea, Enith se pegó a la bocina sin aliento, tenía ganas de entrar por las ranuras del metal.
- ¡Bowie! ¡Soy yo, Enith! ¡Por favor déjame entrar! -Chilló ella con ganas de llorar.
Hubo un corto silencio, para luego regresar la voz del ex general.
- ¿Qué mierda Enith? ¿Qué coño estás haciendo? –
- ¡Abre ya! – Jadeó ella conteniendo las lágrimas en sus ojos.
-¡!Ay no! -Escucharon como maldijo después, para en seguida escuchar como las puertas frente a ellos se abrieran después de un pillido agudo, luego, como enloquecidos se arrojaron al interior casi de un brinco, resguardándose así de los terrores de la noche.
Para Enith, el primer paso de su misión ya estaba completado.
Ahora, tenía que cumplir el paso dos, el que era el más difícil.
Tenía que convencer a Bowie de ayudarla.