En la mañana siguiente, los incesantes timbrazos del timbre despiertan bruscamente a Rebecca. Aún somnolienta y desorientada, se levanta y se dirige a la puerta con pasos vacilantes. – André, ¿qué estás haciendo aquí? – Pregunta al abrir la puerta, revelando sorpresa en su expresión. – Becca, vinieron a hablar contigo. ¿Cómo estás? Sabes que no estás sola, ¿verdad? – Dice André, su voz cargada de preocupación. – ¿De qué estás hablando? – Pregunta, confundida, tratando de entender la situación. – Necesitas ver esto. – Él sostiene su mano suavemente y la guía hasta el sofá. – Mantengamos la calma, no estás sola. Rebecca lo mira confundida mientras intenta asimilar la gravedad de lo que está a punto de ver. André enciende la televisión y sintoniza el canal de noticias. El rostro de Rebec

