Lucien Los músculos me arden mientras termino la última serie de ejercicios. Llevo horas en el gimnasio privado de la mansión, intentando que el dolor físico borre otros pensamientos. Ni siquiera el encuentro con Eva anoche logró sacar de mi mente esos ojos azules que me persiguen. —¿Intentando romper un récord, jefe? —la voz burlona de Ken me interrumpe—. ¿O es que los años empiezan a pesar? Le lanzo una mirada que haría temblar a cualquier otro, pero Ken solo sonríe. Años de lealtad le han ganado ese privilegio. —¿Tienes lo que te pedí? —pregunto, secándome el sudor con una toalla. Ken me extiende una carpeta que dejo sobre la mesa mientras bebo agua. —No hay conexión aparente entre Aria Fox y Harrison —informa—. Al menos no en papel. —Vi sus marcas —gruño, recordando la forma en

