Lucien La tinta negra del chacal en mi mano parece cobrar vida bajo la luz mortecina del atardecer. Observo la ciudad transformarse mientras nos adentramos en sus entrañas más oscuras, donde la miseria no se esconde tras fachadas elegantes. El Bentley desentona en estas calles donde la pobreza se respira. Indigentes, drogadictos, la escoria que la sociedad prefiere ignorar. Pero aquí, el tatuaje del chacal significa algo. Aquí, el miedo y el respeto no se compran con dinero, sino con sangre y palabra. —Todo limpio, jefe —murmura Ken mientras bajo del auto, su mano discretamente sobre su arma. Ajusto mi propia Glock en la sobaquera. En estas calles, la muerte es una vieja amiga que siempre está dispuesta a bailar. El galpón apesta a humedad y secretos podridos. Mis hombres se cuadran

