—Soy bondadoso, pero no tanto —musito, bloqueándole el paso. —¿Cómo pretendes que me vaya de aquí? —se queja conteniendo el llanto. —Una de las empleadas te empacará tus cosas, pero solo lo que quepa en dos maletas —les ordeno a las empleadas que permanecen fuera de la estancia, tal parece que Kalet les explicó a la perfección lo que sucedería esta tarde. —No me puedes hacer eso —solloza. —Claro que puedo, te dije que algún día te sacaría de la casa de mi madre y ese día por fin llego. Te creíste la señora de la casa, cuando ese papel te queda demasiado grande. Al cabo de unos minutos las empleadas bajan con dos maletas y cuando se las entregan a Iris, al instante las abre para revisar su contenido. —¿Y mis joyas? ¿Dónde están mis joyas? —me reclama con odio. —Esas joyas perten

