—No le hice nada —me defiendo ofendido. —¿Nada? ¿Y entonces por qué está así? —No lo sé, solo discutíamos un poco y perdió el conocimiento. —Entonces si le hiciste algo —replica, mirándome como un halcón furioso. Mi nana me abre la puerta de mi habitación y con mucho cuidado la recuesto en la amplia cama, revelando por fin su pequeño vientre, el cual era imperceptible gracias a mi chaqueta. —E-está embarazada —farfulla mi nana, bastante sorprendida, dado que al igual que todos ella creía que Giselle era estéril. —Sí, y son míos. —¿Cómo que son tuyos? —Como lo escuchas, son míos y son gemelos —respondo con un deje de preocupación y ternura, posando mi mano en ese vientre donde ahora crecen nuestros bebés, esos seres pequeños e indefensos que procreamos con amor. —¿Por qué no me ha

