—¿Espero por mucho tiempo? —lo cuestiono para desviar su atención y que no me siga avergonzado bajo esa mirada fría que lo caracteriza. —No mucho. Por un momento pensé que no vendría, sobre todo cuando no contestaba mis mensajes —musita, sin dejar de mirarme. —Tuve algunos inconvenientes, por lo que me fue difícil comunicarme con usted estos días. —Creo que debemos de tutearnos, de lo contrario allá adentro nadie creerá que somos amantes —sugiere y dado que tiene razón no me queda más remedio que aceptar. —Me será un poco difícil, pero lo haré. Puede acompañarme por aquí. —Puedes —me corrige sin inmutarse. —Lo siento. Vamos, entrarás conmigo desde la cocina. —¿Nadie sospechará? —No, nadie lo hará. —¿Por qué estás tan segura? —Porque conozco a la encargada de la cocina y estoy seg

