DAMIÁN JONES
—Yo no sé, ni me interesa que clase de relación sostienes con esa loca. Pero por favor mantenla alejada de mí. No sé por qué, pero solo ver su rostro me exaspera. Es una rubia teñida que al parecer la tintura le ha quemado las pocas neuronas que seguramente le quedaban —los tres reímos divertidos —Ya le tuve que dar una lección por amenazarme con sus idioteces, no quiero tener que…
— ¿Qué clase de lección le diste? —preguntó Oliver demasiado interesado en la plática al igual que James.
La chica se volvió a encoger de hombros.
—Nada digno de contarse —dijo poniéndose nerviosa —Ni de repetirse…
—Ella te mira con demasiado odio —dijo James mientras veía a Amanda al otro lado de la cafetería con sus amigas, las cuales no quitaban la vista de nosotros ni por un minuto. Ginebra se encogió más.
—Yo también odiaría a la chica que me hiciera lo que yo le hice a ella —su voz era apenas audible debido a la vergüenza que sentía de sus acciones.
— ¿Le pegaste? —pregunté sin poder creerlo y ahí supe porque Amanda estaba así.
—Podría decirse que… si —dijo asintiendo levemente con la cabeza.
—Creo que estoy enamorado —dijo James mientras tocaba su corazón y miraba a Ginebra fijamente.
—La futura madre de mis hijos —aseguró Oliver mientras hacía un ademán de grandiosidad hacia Ginebra como si estuviera mostrando un producto en televisión.
Ginebra terminó poniéndose completamente roja ante las afirmaciones de mis amigos, yo me limité a patearlos por debajo de la mesa. Ellos apenas hicieron un gesto y recobraron la compostura rápidamente.
—Lastima —soltó Oliver apenas audible.
Mi celular comenzó a vibrar, lo abrí por debajo de la mesa y leí lo que decía, mientras Oliver entretenía a Ginebra y James me miraba fijamente.
¡No la mereces! Déjamela a mí —pidió James.
Al instante le devolví el mensaje.
Ya la besé, es mía. ¡Mantente alejado! —respondí.
Cuando lo vi leer el mensaje gruñí suavemente, pero suficientemente alto como para que él me escuchara.
—Ginebra ¿Quieres casarte conmigo cuando terminemos la Universidad? —alcancé a oír cuando Oliver le susurraba al oído.
Yo la tomé por la cintura y la acerqué más a mí. Pronto me arrepentí de esto, pues ella me dio un codazo que casi me saca el aire por completo.
— ¡Quieren dejar de acosar a Ginebra por favor! —les pedí a mis amigos, respirando agitado por el golpe de ella. Me miraron con ojos venenosos, incluida ella.
Tal vez no fue la correcta forma de expresarlo, cuando fui yo quien la besó dos veces sin su permiso.
—Hipócrita —me acusó ella.
—No lo podría haber expresado mejor —aseguró Oliver y James asintió a manera de aprobación.
—Hora de volver —dijo James y se levantó.
Ella miró el reloj en su muñeca.
—Es cierto —dijo ella y se puso de pie —Fue un gusto conocerlos Oliver, James y… Jones—dijo mi nombre con resentimiento.
Yo me reí en mi fuero interno por su clara indignación para conmigo. Una chica normal estaría volviéndose loca por que la besé y se lo estaría platicando con cada detalle a sus conocidas. Pero ella estaba molesta. Eso me gustaba.
—Igualmente Ginebra —le dijo James.
—Cualquier cosa que necesites… estamos por aquí —le dijo Oliver.
—Muchas gracias —les dijo ella y comenzó a caminar.
Los tres miramos como se alejaba.
—Te lo dije, ella no es más de lo mismo —dijo James —Jones, ya tienes a Amanda y a todas. Déjanos a nosotros a esta chica.
—James tiene razón… no la mereces —me dijo Oliver.
—Además de que simplemente te detesta…
—Ya no tienes oportunidad…
— ¿Vas a ser un buen amigo y nos la vas a dejar? —preguntó el James.
Mi mirada aún estaba perdida en la dirección en la que ella se había ido. Había algo muy interesante en aquella chica.
Y no era solo su particular belleza. Era su carácter… una chica con ese carácter no es muy fácil de que encontrar.
— ¿Qué piensas? —me dijo Oliver.
—Que ni loco —le dije sin dejar de mirar en la dirección a donde ella se había ido —Ya se los dije, es mía.