CAPÍTULO 6

1630 Palabras
DAMIÁN JONES Abrí la puerta para ella. Salió y yo la seguí. —Yo… no tenías porque —dijo. —Me gusta tu lunar —dije después de un rato de caminar en silencio. —Mmm… —Creo que ya no tiene caso entrar a esta clase solo quedan 20 minutos para salir. — ¿Qué te toca después? —preguntó. —Música —afirmé y ella torció el gesto. ‘Estúpidos talleres’ dije en mi fuero interno. — ¿No te gusta música? —pregunté. —Estúpidos talleres —dijo casi inaudible. Sonreí por lo bajo. Así que a ella tampoco le gustaban los talleres. — ¿Qué clase te toca a ti? —le pregunté. —Música —afirmó con fastidio. Bueno, al parecer teníamos que cursar los mismos talleres. Yo por faltar tanto y ella seguramente como amonestación por entrar ya empezado el semestre. — ¿Qué instrumento tocas? —pregunté curioso. Apretó los labios y comenzó a revolver su bolso. Saco una flauta —Parece difícil —dije condescendiente, pero ella no lo creyó. —No seas irónico —me pidió. —No estoy siendo irónico —aseguré, pero por su expresión pude ver que no me creyó de nuevo. Entramos al salón, pero aún no había nadie, teníamos 20 minutos libres en el aula… Se me ocurrieron varias formas de pasar el rato, pero seguramente ella no aceptaría y dejaría de hablarme. Cosa que no quiero que suceda. — ¿Y tú que instrumento tocas? —me preguntó. —Adivina —dije con una sonrisa autosuficiente y ella echó una mirada alrededor de la habitación. Su mirada iba de los instrumentos a mi rostro, como considerando las opciones. —La guitarra eléctrica —aseguró. Yo tome la guitarra e intenté tocar una canción, pero me salieron muchas notas que nunca encajarían en ese orden en una melodía —Está bien esa no es —dijo para que dejara de tocar — ¿La batería? —dijo con duda. Repetí la misma acción que antes, me estaba divirtiendo golpeando la batería, pero ella me sacó los palillos de las manos para que dejara de hacerlo. —No tocas ningún instrumento —aseguró demasiado complacida con esa aseveración. —Si tú lo dices —dije y me encogí de hombros. Cuando iniciara la clase se sorprendería. Sonreí al imaginar su expresión. El profesor Morgan llegó en eso, pronto llegarían los demás. —Damián—dijo con una sonrisa y me saludó —Que gusto que al fin te dejaron regresar. —Eso lo dirá usted, yo me la estaba pasando bien sin venir —le dije. —Lo sé, yo también fui joven —me dijo divertido —Ginebra que gusto que llegaras antes. Me imagino que has estado practicando —ella se puso nerviosa. —Si, por supuesto —afirmo. - “Mentirosa” dije para mí mismo. —Déjame oír lo que has avanzado —pidió amable el maestro. Ella intento tocar la sinfonía de Beethoven el ‘re seis’ Le salía muy mal y sus dedos eran lentos —Es suficiente —dijo el maestro y acabó con esa tortura — ¿Por qué no le muestras como debe ser, Damián? —me pidió. Ella me cedió su flauta con una sonrisa torcida, seguramente estaba esperando que me saliera peor que a ella. La melodía fluyó a un ritmo delicioso por mis dedos mientras soplaba. La miré de reojo, estaba sorprendida. —Muy bien hecho, veo que no pierdes la practica—dijo el maestro orgulloso. —Mentiroso —me acusó ella entre dientes. —Yo nunca dije que no sabía tocar ningún instrumento. Tú sola lo dedujiste —me defendí. —Pero nunca me aclaraste que sabias tocar la flauta —reprochó. —Nunca lo preguntaste —dije con una sonrisa ante su enojo. —Pero Ginebra, Damián sabe tocar muchos instrumentos aparte de la flauta —interrumpió el profesor, el cual no me estaba ayudando a pesar de que estaba presumiendo por mí de mis habilidades. Sonrió y se fue al otro lado de la habitación a afinar algunos instrumentos. —Aprendí a tocar la flauta a los 4 años —dije mientras me encogía de hombros y ella se dejó caer en una silla. —Soy patética —dijo casi inaudible. —No es cierto —aseguré. —Podrías enseñarme a tocar la flauta —me dijo. Arqueé una de mis cejas. Ella me miró bien ante mi rostro — ¡No le busques doble sentido a las palabras! ¡Eres un sucio! Solté una chistosa carcajada. Levanté mi mano y pasé uno de mis dedos por su frente, alisando la leve arruga que se formó allí ante su enojo. — ¿Qué otro instrumento tocas? —preguntó regodeándose en su autocompasión. —El chelo, el violín y el piano —dije como si fuera nada. — ¿Cómo aprendiste a tocar todos esos instrumentos? —preguntó contrariada. —Te lo dije —aseguré —A mi madre le gustaba la música y el baile. —Tu mamá crío a lo que debería ser el prototipo de hombre perfecto —balbuceó sorprendida y me miró de arriba abajo —No esto. Sonreí divertido. Se formó un extraño silencio entre nosotros. La mire fijo, esperando a que dijera algo. No dijo nada. Miraba nerviosa hacia abajo. Comencé a mirarla más detenidamente. La verdad es que esta chica está… más que buena. Otra vez, sin discreción, miré sus piernas. Esa minifalda tableada le quedaba tan bien. Tiene unas lindas piernas. Y por lo que vi fuera del vestidor, un lindo trasero. — ¿Puedes dejar de mirar mis piernas? —me preguntó haciendo que volviera a concentrarme. —Lo siento, pero no pude evitarlo. Tienes lindas piernas —le dije sincero. Revoleó los ojos. —Para ti todo lo que camina tiene lindas piernas —me atacó. — ¿Ya empiezas con los ataques? —le pregunte divertido. El profesor entró de nuevo a la sala y detrás de él, los alumnos. La clase ya comenzaba. Todos practicaban con sus diferentes instrumentos. Miré a Ginebra, ella comenzó a buscar algo dentro de su bolso. Sacó un celular, miró la pantalla, para luego mirar al profesor y salir de allí sin que él la viera. ¿Qué le pasaba? Algo extrañado decidí seguirla. Me quedé oculto detrás de la puerta. —Ya te lo dije. Aun no es momento —dijo nerviosa mientras hablaba por teléfono —Claro que se lo que estoy haciendo ¿Por qué crees que lo hago? ¡No seas imbécil! ¿Quieres hacerme el favor? —traté de reprimir una risa. Ella estaba bastante alterada —Lo sé, lo siento, no quise gritarte. Tú me pones así —le dijo y sonrió levemente —Yo también te quiero, tonto. Adiós. No sé porque demonios no me fui de ahí, pero cuando reaccioné ya era demasiado tarde. Ella saltó un poco, por el susto, al casi chocar de frente contra mí. — ¿Qué haces aquí? —me preguntó. —Iba al baño —contesté rápidamente. Me miró con desconfianza. —Me canse de esta clase. Me voy —dijo. La mire extrañado. ¿Acaso era una chica rebelde a la que le gustaba romper las reglas y yo no me había dado cuenta? Entró al aula. Sin que el profesor la viera tomó sus cosas y volvió a salir de allí. Tomé mis cosas y salí detrás de ella. — ¡Espera! —Le dije y la alcancé — ¿A dónde vas? —Odio estos talleres, y odio está estúpida Universidad formativa —dijo con odio. La mire sin poder creerlo. Era la primera vez que escuchaba lo mismo que yo pensaba de todo esto —Explícame, ¿Qué necesidad tienen de hacerme perder el tiempo en tocar una flauta? ¿Para qué quiero aprender a tocar una flauta? —preguntó exasperada. Volví a encontrarle doble sentido a sus palabras. Me miró fijo —Eres un mal pensado —aseguró. —Tus comentarios dan que pensar —le dije divertido. — ¿Qué tienes ahora? —me preguntó. —Filosofía —dije y la miré — ¿Tú? —Historia Universal. Miré como James y Oliver se acercaban a nosotros. —Que linda se ha vuelto la tarde, al ver su sol tan cerca —dijo el James mirando a Ginebra. Ella rio por lo bajo. ¿Cuánto les apuesto que, si yo le hubiera dicho eso, me hubiera mirado mal? — ¿Qué hacían? —preguntó Oliver. —Escapábamos de música —les dije. —Jones ya te está llevando por malos pasos, Ginebra —le dijo James. —No, James. Él apenas puede consigo mismo. Es demasiado Narcisista —respondió. Ambos rieron divertidos y me miraron. —Pero eso es lo de menos. Debo irme chicos. De verdad me encantó conocerlos —les dijo a mis amigos y palmeó el hombro de Oliver—Aunque no tanto a ti, Jones. — ¿Por qué? —le pregunte mirándola. —Porque presiento que serás un gran fastidio en mi vida —me aseguró. Comenzó a caminar por el pasillo. Los tres nos quedamos callados, mirando cómo se alejaba. Tenía un gran vaivén a la hora de caminar. — ¿A dónde va? —me preguntó Oliver. —A Historia Universal —le dije por lo bajo. Ambos me miraron esperando escuchar algo de lo que querían escuchar. Tal vez estén pensando que le propuse sexo o algo por el estilo. —No le propuse sexo —dije y volví a caminar. Ambos comenzaron a caminar detrás de mí. —Qué raro. Conociéndote, diríamos que eso es extraño —me dijo James. —Muy extraño —afirmó Oliver.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR