Roman estaba en los restos de la mansión, mirando como los bomberos extinguían el incendio de Veronika. Veronika no solo logró salir de la mansión invicta y sin un rasguño, sino que se liberó a todos sus prisioneros, quienes masacraron a sus hombres y a los millonarios en el foso. Una sola mujer logró en una noche, lo que ningún hombre hizo en muchos años. Roman estaba lleno de cenizas, y sus ojos continuaban fijos en su mansión. Solo el ala del salón se quemó, pero bastó para que Roman sintiera que su vida entera se quemaba. Veronika lo estaba quemando. —¿Qué saben? —le preguntó a uno de sus hombres. —No dejaron rastro. —Nadie se esfuma a la mitad de la noche, ¡y desata un puto infierno sin dejar un maldito rastro! —gritó al apretar el arma en su mano—. ¡Encuéntrenla! Recuperen a tod

