Christián se encontraba en su oficina trabajando cuando Sloane entró con una gran sonrisa, apenas escuchó el sonido de la puerta y levantó la vista, se quedó un instante paralizado, ver sonreír a Sloane era una imagen preciosa.
–¿Estás listo? –le preguntó ella colocando sus manos sobre el escritorio.
–¿Qué? –reaccionó Christián –. ¿De qué estás hablando?
–¿Eric no te lo dijo? –dudó ella –. Tendrás una fiesta está noche por tu ascenso.
–Pasas mucho tiempo con Eric, cierto.
–Es mi jefe y ahora tu también lo eres, recuerdas, tu ascenso, hay que celebrar.
Celebrar, por supuesto que Christián quería celebrar, pero salir con Sloane de noche a cenar o beber era arriesgado, era mejor ir a casa con Emma, pensaba en decirle esa noche, después de todo, ya estaba firmado su nuevo contrato, todo lo que deseaba finalmente se estaba cumpliendo.
–Será otro día, te parece si mejor vamos a almorzar mañana –le propuso.
Un almuerzo sonaba mejor, más formal y debían regresar a la oficina, así que era lo mejor.
–Por supuesto que no –sonrió Sloane –. Mira, se supone que sería una sorpresa, pero tienes que venir conmigo porque Eric y los demás trabajadores nos están esperando allá, te han hecho una fiesta por su ascenso.
–¿Eric aceptó hacerme una fiesta sorpresa?
–Claro que sí, él te aprecia mucho –indicó ella extendiendo su mano –. Vamos.
Si Eric y los demás estaban ahí, no había ningún problema. Además que se hubieran tomado el tiempo para hacerle una fiesta y si lo rechazaba sería descortés de su parte.
–Está bien, ahora voy.
Christián tomó su teléfono y le envió un mensaje a Emma.
“Tengo trabajo, llegaré tarde. Te amo”
Apenas lo envió, Sloane le quitó el teléfono y lo colocó en la mesa.
–Sin telefonos –anunció –. O pasarás trabajando y ya no te vas a divertir.
–Necesito mi teléfono para comunicarme.
–Si bebes, seguramente llamarás a tu ex, así que técnicamente te estoy salvando –mencionó Sloane arrastrándolo fuera de la oficina.
–¿Y cómo voy a regresar a casa?
–Tenemos un chófer.
Ambos entraron al ascensor, Christián la tuvo al frente, Sloane era bastante alta, siempre se sorprendía por eso, podía ver sus ojos claros, su fino rostro y sus labios carnosos, era muy arriesgado tenerla tan cerca, así que dio un paso atrás.
–Parece que tienes todo planeado.
–Por supuesto, Eric pagó todo –mintió.
Pronto llegaron al lugar, Christián se sorprendió al ver que era Delancey, un bar y hotel de gran prestigió en la ciudad, se quedó observando el rótulo en el momento que bajó del auto.
–Creí que habías dicho que era una cena –mencionó.
–No esperabas a que te llevará a un restaurante aburrido –mencionó Sloane –. Te dije que era una fiesta sorpresa, los demás esperando adentro, vamos.
Christián reaccionó, Sloane había dicho que las personas de la oficina estarían ahí, incluyendo a Eric, solo esperaba que fuera cierto porque no había visto a Amy en su escritorio y no quería que fuera una trampa de Sloane. Su gesto cambió y su cuerpo se puso rígido y en alerta, en el momento que entrará y no hubiera nadie se daría la vuelta y se iría a casa, no iba a quedarse.
Sin embargo, en el momento que entró escuchó unos aplausos y copas levantadas, reconoció inmediatamente a todos en el lugar, eran los empleados de la oficina. Eric fue hacía él con una copa.
–Señores y señoras, me permiten presentarles al nuevo socio de la firma Christián Anderson –le entregó la copa y le dio la mano.
–Gracias hermano.
–Gracias a ti –contestó Eric con un fuerte apretón –. Mañana mismo llamó al arquitecto, tu nombre estará al frente.
Es lo que Christián quería, esa firma también era de su padre y su nombre estuvo ahí por muchos años, él siempre hablaba de esa firma y de sus amigos cercanos con gran nostalgia. Cristián solo deseaba cumplirle el sueño de que su nombre volviera ahí y finalmente lo había logrado. El apellido Anderson estaría nuevamente al frente en una de las mejores firmas de Nueva York.
La música empezó a escucharse fuerte otra vez y las luces se apagaron, algunos empleados se acercaron a felicitar a Christián por su ascenso, incluyendo a Amy que se encontraba en el lugar.
–Solo tengo una hora antes de mi novia pase por mí, señor Anderson, así que no se haga ilusiones conmigo.
–Ya lo sé, Amy –sonrió Christián –. Aunque tengo que admitir que guardaste bien el secreto de que iba a haber una fiesta aquí, eh.
–Siempre soy buena guardando secretos, eso lo sabe muy bien.
Hablaron un poco, aunque Sloane desaparecio de su lado, estuvo viendo en todas direcciones intentando encontrarla, por momentos la vio a lo lejos, reconocía su preciosa melena rubia, la vio conversar con alguien, pero pronto desapareció. Después la vio en la pista de baile, parecía estar disfrutando realmente de la fiesta.
–Aún falta la celebración familiar –le mencionó Eric al acercarse.
–Sí, claro –respondió Christián viendo hacía otro lado, solo esperaba que no lo hubiera visto viendo a la chica –. Aunque aún no le has dicho a nadie.
–Solo se lo dije a Jeff y a Larissa –suspiró colocando su trago en la mesa —. No estaba seguro si el trato se lograría y no quería decepcionar a los demás.
–Lamento haberte hecho pasar por todo esto, Christián –expresó Eric –. Sabes que no es personal.
–Por supuesto que lo sé –contestó Christián –. Somos familia, pero sé que también tenías que estar seguro con la firma, lo entiendo.
–Gracias por entender.
–Señores, yo me voy –apareció Amy con su bolsa en la mano –. Los veo el lunes en la oficina, se portan bien.
–Lo haremos, adiós Amy –se despìeron.
Eric vio su reloj.
–Sabes, yo también debería irme ya.
–¿Tan pronto?
–Le prometí a Zoe que cuidaría a Lilah –mencionó –. Quiere salir a cenar con Roy, ya sabes.
–El mejor tío del mundo, ¿no?
–Y que mi hermana me sigue dando miedo –dijo con una sonrisa.
–Pues no debiste beber si vas a cuidar niños.
–No es licor –señaló Eric –. Solo tomé una soda, nos vemos.
Eric se despidió. Christián espero uno minuto viendo su vaso. Lo pensó. También debería irse, era lo mejor.
Al darse la vuelta se encontró con Jonas, un pasante que tenía demasiadas energías para su gusto.
–Señor Anderson, permítame felicitarlo por su ascenso, realmente es usted una persona admirable, quisiera seguir sus pasos. Lo admiro mucho…
–Espera, espera –lo detuvo tomando el trago que el chico tenía en sus manos –. ¿Cuánto bebiste?
–No lo sé –se empezó a reír –. Es que me los dieron en la barra, son gratis, sabe.
–Ya lo sé, pero no tienes que beber tanto, ven.
Christián lo llevó a la barra y pidió agua, el chico seguía hablando cuando aparecieron otros dos pasantes y Charlize una abogada que era su segundo año en la firma y Sloane.
–Señor Anderson, es su fiesta, no debería estar cuidando de Jonas –mencionó Charlize.
–Si, deberías divertirte –comentó Sloane, rápidamente le pidió un trago y se lo dio –. Por el nuevo socio.
Hicieron un brindis, luego pidieron otra ronda de bebidas, Jonas también volvió a beber, así que el vaso de agua quedó por un lado. Al tercer trago Christián se sintió más relajado, Charlize no paraba de hablar.
–Sabe que le tengo celos, señor Anderson.
Christián soltó una risa fuerte, definitivamente su vida había sido una miseria, nadie podía tener envidia de eso.
–¿Por qué dices eso?
–Porque usted puede seguir su carrera y además casarse y tener hijos –señaló.
–No, definitivamente no voy a tener hijos –negó.
–¡Pero va a casarse! –señaló –. Yo no me voy a casar nunca, tengo que elegir entre mi carrera profesional o un marido, no voy a lograrlo.
–No te pongas así, claro que lo puedes lograr.
–Ningún hombre tendrá la suficiente empatía para soportar que mi carrera en muchas ocasiones –levantó la mano –. No todas, pero sí en algunas ocasiones va a ser más importante, pero usted, sí puede, se va a casar y tendrá una hermosa familia además de una estùpenda carrera.
–Te vas a casar, Charlize, vas a encontrar un buen hombre –intervino Sloane.
–No lo haré –negó –. Oh, pero eso sí, señor Anderson, debe tener cuidado con los acuerdos en el contrato matrimonial, luego si se divorcia será un problema, debería colocar que no se pueda divorciar de usted.
–Yo no creo en los contratos matrimoniales –respondió Christián terminando su trago y pronto el chico del bar le sirvió otro, había perdido la cuenta de los que llevaba.
–Tiene que creer en los contratos matrimoniales, son muy importantes –señaló Charlize.
–Si, principalmente que no pueda quedarse son lo tuyo –señaló Sloane.
–Exacto –dijo Charlize mirando a todos lados hasta que se acercó al chico del bar –. Me puedes traer papel y un bolígrafo, por favor.
El chico se acercó con lo que ella pidió y pronto empezó a escribir un contrato matrimonial diciendo las reglas en voz alta mientras escribía en la hoja. Sloane se unió a los requisitos.
–Y si se quiere divorciar en el primer año que deberán donar cien mil dólares a los perritos de la calle –señaló Sloane.
–¿Perritos de la calle? –dudó Charlize.
–Me gustan los perritos –contestó bebiendo de su trago.
–Perritos de la calle, hecho –contestó Charlize, luego de eso empezó a terminar el contrato y colocar abajo lugar para las firmas –. Listo, aquí hay que firmar.
Estaban demasiado borrachos para darse cuenta, Sloane tomó el bolígrafo y firmó, luego se lo dio a Christíán que también firmó, Charlize terminó por concluir validando el contrato.
–Listo están casados, puede besar a la novia –Charlize empezó a reírse.
–Yo quiero bailar.
Sin preguntar Sloane tomó a Christián del brazo para guiarlo a la pista de baile donde habían más personas, él la siguió sin resistirse, ella empezó a moverse y guió las manos de Christián a su cadera, él sintió el aroma a su cabello, la tenía a centímetros, ella le colocó las manos en su cuello y sus cuerpos se rozaron, no esperó más y se inclinó a besarla.