Capítulo 5(Parte 1)

2316 Palabras

El convento seguía igual a como él lo recordaba. Vio como la vieja y cuidada ligustrina seguía creciendo pegada a las columnas de las galerías donde paseaban tranquilas las jóvenes pupilas del lugar. Nada había cambiado, incluso, le parecía como si aquello fuera un sueño en donde recordase aquel día en que él la había dejado allí. Hacia ya quince años atrás. —¡Oh! ¡Bendito sea Cristo!¡Que me da la oportunidad de verlo a usted aquí, señor Le Bras!— exclamó aquella monja, alzando los ojos al cielo con abierta sonrisa sincera. —Lo mismo digo, Sor Ester, lo mismo digo…— respondió él con medía sonrisa sin saber realmente qué decir. Nunca sabía como responder a los saludos de los eclesiásticos como esa mujer— ¿Cómo se encuentra usted? A Le Bras, no había nada que le incomodase más que estar

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