Trabajando en la Central

1889 Palabras
Después de enfrentar el difícil examen en la facultad, regresé a casa junto con Elías, quien pasaría la noche conmigo para acompañarme. Planeamos una noche relajada: pizza, palomitas de maíz, helado y películas tanto románticas como de terror. El cabello castaño y los ojos verdes de Elliot resaltaban su apariencia. Aunque era un chico guapo y galán, parecía no prestar atención a sus seguidoras. —¿No vendrá Noah? —preguntó Elliot. —Creo que trabaja hasta tarde. —Mi padre está tan feliz por la medalla de Philip que no se acuerda de mí. —Y eso te encanta —reí fuerte. —Por supuesto, así me deja tranquilo, no me veo como soldado. —Ni yo te veo así. Encendimos el parlante y nos dirigimos a la cocina para preparar la masa de las pizzas. La harina volaba mientras bromeábamos y disfrutábamos del momento. Luego, nos encaminamos a la sala para relajarnos y comenzar la sesión de películas. Noté que la noche caía cuando nos disponíamos a disfrutar de nuestra pizza casera. A pesar de que el día pasó volando, debíamos dormir temprano, ya que tenía práctica en el comedor comunitario a las diez de la mañana. Netflix encendido, elegimos una película romántica como primera opción. —Algo no muy cliché —pedí. —Yo elijo, preciosa, sabes que amas las películas cursis. —Prefiero el terror o el suspenso. —Con Lorencito mirabas muchas cursilerías. —No menciones al innombrable —me arrojé sobre él, iniciando una guerra de cosquillas. —No empieces una batalla que no puedes ganar. —Siempre gano, Elliot. Él rápidamente me lanzó al suelo y se colocó encima, provocándome risas incontrolables. En medio de la diversión, mi blusa quedó expuesta, mostrando mi sostén. La risa continuaba, pero la entrada de alguien rompió el ambiente ligero. —¡Suéltala! —Alguien empujó a Elliot, y rápidamente me coloqué en medio antes de que Noah lo golpeara, nunca lo había visto tan furioso. —¡Qué mierda te pasa, Noah! —Este es Noah, soy el hermano de Philip. —Me importa una mierda quién seas, lárgate de mi casa. —¿Qué te pasa, estúpido? Es mi amigo. —Parecía otra cosa, te comportas como una cualquiera cuando no está Rafael. —¡No soy una cualquiera! —¡A Nicole no la insultas! —Yo hago en mi casa lo que quiera, lárgate o te rompo la cara. —De verdad lo siento, Eli, otra noche hacemos pijamada. —¡Dormirias con este! —Mejor no sigas hablando o tu hermano me asesina. Yo creía que tenía al peor, pero me ganaste, Niki, nos vemos mañana. —Adiós. Intenté acompañarlo a la salida, pero Noah me sostuvo del brazo. No entiendo cuál es esta fase de hermano mayor e insoportable; nunca nadie me ha dicho qué hacer, y él no será el primero. —¡No quiero que se vuelva a repetir una situación así! —¡A mí no me grites porque no estaba haciendo nada malo! —No insultes mi inteligencia —él señaló mi blusa rota—. Unos minutos más y los encontraba desnudos, Nicole. A mi casa la respetas. Si quieres actuar como una zorra, vete a la calle. No me controlé e intenté golpearlo, pero él me sostuvo la mano lastimándome; rápidamente, en un movimiento podría quebrarme. —No te hagas la digna, eres como todas —él finalmente se marchó. Me alarmé al escuchar el sonido del horno y me dirigí a apagarlo. Gracias al cielo, estaba en automático, y mi pizza no estaba quemada. De todas formas, los insultos de Noah cerraron mi estómago. Cuando me dirigí a mi cuarto, dejé caer todas mis lágrimas. Siento una gran indignación porque nunca nadie me ha insultado de esa forma y no lo merezco porque yo no hice nada malo. Además, si Elliot fuera mi novio y estuviéramos haciendo el amor en mi casa, eso no es ningún delito y no le incumbe a Noah porque él ni siquiera es mi hermano, aunque actúe como uno y uno pésimo. Me quité la ropa para luego meterme a la ducha. Dejé caer mis lágrimas, las cuales se mezclaron con el agua. En cuanto terminé de lavar mi cabello y mi cuerpo, me observé al espejo. Siento asco por mí misma al ver las marcas en mi cuerpo, pero son parte de mí y mi pasado, el cual no puedo cambiar. Cuando terminé de llorar, me coloqué mi pijama de seda color rojo. Luego, sequé mi cabello y tomé mis pastillas. Hoy me siento muy mal y dudo que pueda dormir; la medicación solo me ayuda a dormir cuando no logro hacerlo. Sé que soy joven, pero debido a mi pasado, tengo muchos traumas y recuerdos horribles que me quitan el sueño. Luego de tomar la pastilla, en pocos segundos, caí en los brazos de Morfeo. [...] Me desperté con la ruidosa alarma anunciando las nueve de la mañana; sin abrir los ojos, apagué mi celular. —¡Nicole! —casi salto del susto al darme cuenta de que Noah me está mirando, sentado frente a mi cama. ¿Cuánto tiempo ha estado allí? —¿Hace cuánto estás ahí? —lanzo un bostezo. —Eres una completa floja; las personas que buscan trabajo se levantan temprano. —Existe Internet, por si no sabes. —Como sé que lo arruinarás, te conseguí un trabajo en la central. —No sé disparar. Él ríe —En la cafetería, supongo que sabes cocinar. Asentí con la cabeza —Puedo trabajar donde sea, pero no en la central. —No es una pregunta. No me hagas quedar mal, o lo pagarás. Empiezas mañana temprano. —No quiero trabajar allí. —¿Por qué? —Te parecerá una tontería. —Todo lo que sale de tu boca es una tontería, pero ¿no puedes quedarte muda, verdad? No me importan tus problemas ni tu vida, Nicole. Agradece que serán condescendientes contigo porque estudias, y ahora baja a preparar mi desayuno que no tengo todo el día. —Él simplemente se marcha, dejándome con la palabra en la boca, como siempre. Si trabajo en la central, veré a Lorenzo todos los días, y no quiero volver a verlo. [...] —No estoy de acuerdo —espeta papá. —No es una pregunta, Rafael. Nicole trabajará. —¡A mí no me hables así, mocoso, sigo siendo tu padre! Él ríe —Nunca has actuado como uno ni conmigo ni con esta mocosa, quien hace lo que se le da la gana. Si tú no le pones los límites, lo haré yo. —¡Basta los dos! —Exclamé. —Nicole, sabes que no puedes... Lo interrumpí antes de que hable de más. —Está bien, papá. Yo le pedí a Noah que me ayude a buscar un trabajo. Me aburro mucho en la casa. No quiero que vuelvan a pelearse como siempre. Uno de mis objetivos es que recuperen la buena relación que solían tener, pero sé que será muy difícil lograrlo. —No se morirá por trabajar —él rodea los ojos. —¡Tú cállate, Noah! —De verdad la tienes muy consentida, pero tu niñita no es tan buena como parece —él finalmente se marcha. —No le hagas caso, papá, y te prometo que no me esforzaré de más. —Si me percato de que te cansas, renuncias ¿entendido, Nicole? Asentí con la cabeza. Cuando terminé de cenar con papá, subí a mi cuarto, pero antes de llegar, Noah me detuvo sosteniendo mi brazo. —No sirvió de nada llorarle a mi padre —ríe burlón. —Como tú dices, trabajar no me matará. —Al menos ya no serás una carga para mi padre. —¡No soy ninguna carga! —No crees que ya es suficiente el cuento de la pobre huérfana que no tiene a nadie. Ya eres una mujer, Nicole, podrías irte de mi casa tranquilamente. —Si es lo que quieres, no lo lograrás, porque no dejaré solo a Rafael, al menos por ahora. Pero no te preocupes, más pronto de lo que crees, te desharás de mí y no volverás a verme. —No sabes cómo deseo que llegue ese momento, niña. —No entiendo tu estúpido odio hacia mí cuando no te he hecho nada. Él ríe —Sigues siendo la misma dramática de siempre. Ve a dormir que mañana debes levantarte temprano y quiero mi desayuno a las siete. —Tienes dos manos; que te quede claro que si trabajaré en la central es porque yo quiero, no porque obedezco tus órdenes. No eres nadie para ordenarme qué hacer; ni siquiera eres mi hermano, aunque en algún momento te vi así. —Me parece perfecto que ya no me veas así porque no somos hermanos ni nada —luego de decir eso, se marcha. [...] Me desperté temprano para tomar un autobús e ir a la central porque no pienso ir con el idiota de Noah y mucho menos esperar a papá, porque quizás se arrepienta de permitirme trabajar. Después de una hora, llegué al lugar. Es un edificio amplio que se divide en dos partes: las primeras son las oficinas y la segunda el lugar de entrenamiento para los oficiales, tanto los titulados como los postulantes. —Buenos días —me recibe la recepcionista. —Buenos días —le devolví la sonrisa—. Mi nombre es Nicole Bris. —Ah, claro, el coronel habló de usted. Por favor, siga hacia la derecha; la primera puerta es el sector de cafetería. —Muchas gracias. Caminé por el enorme edificio y me guié por los cartelitos hasta llegar al lugar de la cafetería, el cual también es enorme. Al llegar, me encontré con dos mujeres. Una de ellas se ve mayor y, por su vestimenta, me percaté de que es la cocinera. La otra mujer, debido a que está bien arreglada, creo que es la encargada. —Buenos días, soy Nicole Bris y me envió el coronel Spencer. —Sí, el coronel me habló específicamente de ti, niñita. Primero que nada, cámbiate esa ropa y tu horario es a las seis de la mañana. —Pero la central abre a las ocho. —No te pregunté eso —la mujer de cabello oscuro largo y ojos color miel se está ganando mi odio. Me alejé a los baños para ponerme el uniforme. Debo decir que está horrible. Es un pantalón largo color n***o y una blusa color verde oscuro con su respectivo delantal, gorrito, tapabocas y guantes. No puedo enseñar ni el cuello con este uniforme y a mí me gustan las prendas cortas. Cuando regresé al lugar para comenzar mi trabajo, me percaté de que soy la única vestida así. Las demás mujeres tienen su ropa común, el delantal, guantes y gorrito solamente, no como yo, que parezco una monja. —¿Por qué yo no puedo usar mi falda y ellas sí? —Son órdenes del coronel. Prepararemos una ensalada; me ayuda con los vegetales. —Claro, señora. —Mi nombre es Gladys —ella extiende su mano hacia mí. —Yo soy Nicole Bris. Ella asiente —Usted es la hija del Teniente Briss; todos conocemos a su padre. Es el héroe de la central.
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