¿Cómo trabajamos?

1979 Palabras
Grillo ha pasado por muchísimo, por ejemplo, el rechazo de sus propios padres, quienes lo abandonaron a su suerte en un orfanato cuando tenía ocho años porque, simplemente, necesitaban seguir viviendo. Si no hubiese sido por su abuelo —un hombre serio, formal y muy buen abogado—, habría estado destinado a ir de una casa a otra, de una familia a otra, hasta cumplir la mayoría de edad. Su abuelo le enseñó la importancia de ser una persona ordenada y disciplinada. Había usado la música como soborno, la verdad: no se la quitaba, pero sí la usaba como excusa para todo. “Si quieres salir, ve a clases de música”; “si no quieres que deje de pagarlas, mantén buenas calificaciones”. Solo una vez lo recuerda totalmente fuera de sí, muy molesto. Fue la mañana en que se dio cuenta de que su nieto usaba drogas. Le pegó con un cincho y lo llevó a la iglesia. Luego, se le bajó la cólera y conversaron, pros y contras incluidos. No voy a seguir hablando de ese par hasta que sea necesario, pero necesitaba establecer que no es algo que Grillo tenga por su cuenta: es una conducta aprendida. Mantener rutinas y organizar su vida es una necesidad que su abuelo le inyectó. Y por eso, cuando Tamara llegó temprano en la mañana —después de pasar horas estudiando el contrato, conversando con un abogado que trabajaba para la agencia publicitaria y casi arrancándose las canas por las decisiones de Edith, Zenith, Eliza o como sea que se llame la mujer a la que Grillo ama como a una madre— no podía creer que el hombre que le había indicado que la casa estaba abierta, que le había dado llaves, pines y mil cosas más para ingresar, estuviera follando con dos mujeres en el sofá. Ni siquiera en sus sueños eróticos más calientes había considerado que eso fuera posible. La mujer encaramada en los hombros de Grillo gritó, y la mujer entre sus piernas lo mordió. Entonces, Grillo gritó de dolor, y Tamara gritó de pavor. Ese era un grito que no le gustaba escuchar en su sesión semanal de sexo. —¡Grillo! —gritó Tamara, bufando antes de salir torpemente del apartamento. —¡Tammy, amor! ¡Tammy! —gritó él. Las dos chicas lo miraron desconcertadas mientras él, a medio palo, salía corriendo desnudo detrás de la mujer. —Grillo, estás desnudo. —Sí, sí. —dice sin cubrirse y Tamara procede a ver para todos lados menos sus genitales. —Estoy en mi sesión de sexo semanal. —Son las diez de la mañana. —De ocho a mediodía, todos los lunes y viernes, tengo sexo terapéutico —Tamara lo vio incrédula, más aún cuando las chicas, desde adentro, la saludaron. —¿Contratas putas? —No seas prejuiciosa —le gritó Grillo—. Marce y Jime son mis amigas... y tus compañeras de trabajo. Tamara lo miró incrédula y a las dos mueres detrás de él, con sus tetas muy operadas al aire, algo sudadas, una incluso tenía un par de piercing en los pezones ¡Impresionante! Impresionante la osadía de Grillo de llamarlas compañeras, no sé si el cambio de color de blanco a pálido a n***o con fuego en los ojos de Tamara hizo que Grillo sintiera el miedo a que renunciara, por lo que se inhibición reformuló: —Vale, técnicamente tú eres nuestra jefa. —Dice Grillo con una sonrisa. —Nena, soy un hombre de treinta y cuatro años. ¿No pensarás que me jalo la polla toda la semana? —Dios mío de mi vida —dijo Tamara, presionando el botón del ascensor. —Tamy, no es para tanto. Es solo buen sexo. Estoy servido. Y si me das una media hora, tal vez una, podemos hablar. Entre que termino con las chicas, ellas se arreglan, yo me arreglo, y todo lo demás... Vale. ¿Qué tal si nos reunimos en una hora? —No sé si la imagen de terror que ahora habita en mi cabeza habrá disminuido en una hora—se queja la joven mientras le da la espalda a Grillo quien se coloca más cerca y le acaricia el pelo, antes de recordarle con total dulzura: —Necesitamos reglas, guapa, eso es todo. —Me voy a trabajar. Por la vida. Normal. —¿Cuántos años tienes? ¡Es solo sexo! —Grillo... —gruñó Tamara. Ya les dije que alguien es demasiado organizado para ser una superestrella. Esa misma tarde, había coordinado agenda con Tamara, le había establecido objetivos, le pidió contemplar lugares para realizar un evento musical... Todo. Incluso habló de levantarse temprano para ejercitarse e ir al estudio en la tarde. Nunca habló del sexo que tenía agendado con sus asistentes sexuales. Grillo había llamado a Tamara tantas veces como es indigno llamar a una mujer con la que uno no está casado. Ya comenzaba a ponerse de los nervios. No quería que ella renunciara. No quería una de esas mánagers de mierda que tiene la gente. Y la verdad, si él no podía tener a Isabela Burwish-Caine porque ahora se las da de política, prefería tener a alguien como Tamara. Esa, esa es un diamante en bruto: mona, trabajadora, divertida y, sobre todo, impresionable. —Estoy en mi casa, trabajando. —Sí, y yo estoy en tu edificio medio cutre. Creo que ya sé cuál es tu puerta, pero me preocupan tus condiciones de vida. Ella sale del apartamento y lo ve parado con un montón de bolsas de comida. Grillo le da un beso y un abrazo. Huele a que se duchó, usó todos los geles y perfumes caros que encontró. Lleva el pelo húmedo y la barba recién marcada. Se ve muy bien. Y le sorprende con comida de adulto: pastas con buena salsa, queso parmesano, una ensalada de arugala con melocotón y burrata, y una botella de vino caro. Tamara sabía que no la estaba seduciendo, pero se sentía demasiado consentida para estar trabajando. Y él parecía estar mucho más preocupado por el edificio que por cualquier otra cosa. Es decir... el interior desordenado de ese lugar. —Necesitas una señora de la limpieza. —Una empleada. —"Empleada" es de mal gusto. Una señora que sepa limpiar casas, casi una mamá... pero no. En fin, nena, dime que tienes copas. —Tengo copas, tengo cubiertos. Y por ti voy a sacar la vajilla cara que me compró mi madre. —Dios bendiga a esa mujer —responde Grillo—. ¿Será que te compró un mantelito? —comenta, y los dos comparten una mirada. Él se ríe y se pone a acomodar la mesa como un agente de ventas de Zara Home cuando va a pasar su supervisor. Todo medido, acomodado, y bien servido. Mientras tanto, Tamara va por su computador, tomado del borde —la forma más rica o s*****a de tomarlo— y con la otra mano trae todos los cuadernos y archivos posibles. —Con respecto a lo que viste en la mañana, quería disculparme. —¿Disculparte por haber tenido que ver tu polla o por cuando vi a dos mujeres comiéndote cosas? —Por todo lo de la mañana —responde divertido mientras silencia su celular—. No soy un exhibicionista si no es deseado. Y quiero que tengamos una relación cómoda de trabajo y de amistad. Por eso, mañana va a venir mi señora a limpiarte —ella rueda los ojos. —Vale. Estamos adaptándonos el uno al otro, conociéndonos. ¿Algo más raro que tu terapia s****l que deba saber? —Me hago limpiezas de colon una vez al mes. A veces con café. Espero algún día convencerte de hacer una conmigo porque tu sistema digestivo lo va a agradecer y tu piel va a brillar —le asegura. —No sé si esté metida en eso. —Tamy, dime cómo me libero de esta mujer. —Esto me tiene desilusionada porque he visto revistas, entrevistas, reels... y se ven muy bien juntos. —Sí, y la quiero. Es mi amiga. Tenemos una buena relación. Me limpia de escándalos y de problemas. Y a ella le ha representado un "push" en su carrera. Pero ya no quiero hacer eso. Quiero... como... sentar cabeza, ¿sabes? Una buena novia, que tal vez sea mi esposa, y me dé un hijo o dos. —¿Quieres una esposa o una mamá para tus hijos? —pregunta Tamara. Grillo se queda en shock. Deja la comida, porque hasta ahora no sabía que existía una diferencia. —¿No son lo mismo? —No. La mamá de tu hijo puede ser un vientre en alquiler. Tu esposa es una mujer a la que amas, con la que tienes un compromiso y con la que planeas un proyecto de vida. Eso se llama matrimonio. —Qué sabia eres, eh. Muy sabia —responde mientras da el primer bocado a su comida. Yuri lo llama, y él contesta la llamada porque ya no puede ignorarla más. La saluda. Ella le recuerda un evento al que deben asistir y le pide el número de su nueva mánager para coordinar sin tener que molestarlo tanto. Él promete enviárselo, y Yuri se despide con un beso y un abrazo. Tamara toma los teléfonos de la mesa y los va a esconder al baño, un poco paranoica, pero es que le ha pasado: la línea no se corta, y entonces es ella la cabrona impertinente que le destruye los sueños a la gente con la mierda que se produce en su cabeza. Él la ve divertido, la sigue hasta el escondite, el baño, y asiente. —Ahí he escrito las mejores canciones de mi vida —comenta. —¿Sí? —El baño debería llamarse santuario. —Con eso de que cagas con agua y manguera... —comenta Tamara, y él se ríe. Su risa llena el lugar mientras la lleva a lo que cree que es la habitación. Se le apaga la risa por completo, frunce el ceño y niega con la cabeza antes de ir a tender la cama. Le ordena guardar las cosas dentro del armario. Tamara se pone nerviosa, abre las puertas del balcón, acomoda todo lo que puede e incluso coloca un aromatizador ambiental. Se acuestan los dos en la cama, y ella le explica que el contrato está tan bien hecho, que parece que tienen que llegar al próximo nivel. —¿Cuál es el próximo nivel? ¿Tengo que matarla? —No. Casarte. —No, socia, no... —Yo acepté ser su dama de compañía, su "push" en la vida. No su perra.—responde histérico. —Creo que voy a conversarlo con Yuri, su carrera va viento en popa. Yo creo que no me necesita. Voy a planteárselo como si fuese idea suya. El celular de Tamara suena por una notificación. Ella ve la pantalla y lee el correo en voz alta: Hola, te escribimos de parte del equipo de Yuri. Queríamos coordinar agendas para los próximos eventos de la feliz pareja. Queremos que tengas claro que somos un equipo, dónde encontrarnos y cómo contactar a Yuri. Todos los datos de la invitación que tienen para mañana en la noche vienen en el adjunto. Quedamos pendientes de tus comentarios. —No sé si ella es del tipo al que le gusta recibir un “no” como respuesta —dice él, mientras le enseña el mensaje de texto que recibió 36 segundos después del correo un w******p: Yuri Hola, soy la novia de tu cliente. Me encanta siempre estar en contacto directo con aquellos que nos rodean. Te deseo muchos éxitos en este nuevo trabajo, y espero que juntas podamos ayudar a Grillo a llegar tan lejos como sabemos que es posible. Besos.
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